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Hablemos de otras cosas

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre”
.

Sucede que, al igual que Neruda, me canso de la realidad y la repetición de la historia hasta el punto del agobio. Un viejo conocido, amigo en otras épocas y tiempos, se sumía en el consumo de marihuana, justificándose en que no soportaba la realidad. Bueno, hay muchas formas de escapar de ella, o más bien de las cosas que nos agobian, porque de la realidad no lo vamos a lograr. Una de las formas que están más al alcance y que lo logran en mi caso, es sumirme en la ficción, en el mundo que distintos autores crean y construyen a través de la literatura.

Hace algunos años, a propósito de un mundial de fútbol como el que se nos viene, escribí sobre fútbol y literatura. Se los ofrezco en este espacio. Hablemos de fútbol, olvidemos un rato la contingencia y sumerjámonos en esta pasión de multitudes para usar un lugar común y veamos como trata la literatura y algunos autores, este tema. En otra época, antes que empezara mi proceso “deconstructivo” suscribía eso de que los temas que predominaban en las conversaciones masculinas, era las mujeres, el fútbol y la cuestión social. Estoy un poco harto de la cuestión social, de mujeres corro el riesgo de caer en lo políticamente incorrecto, pero en lo del fútbol… Veamos si les parece este enfoque aquí, en desenfoque.

Hasta la década del setenta del siglo pasado, según he podido sondear, el futbol desde el punto de vista literario era un tema desdeñable. Ya lo adelantaba Rudyard Kipling, autor británico, allá por fines del siglo XlX quien despreciaba este deporte y a ”las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. Tajante el hombre.

No menos lapidario por estos lados fue Jorge Luis Borges – que opinaba de todo y de todos – y generalmente sin mucho aprecio por los todos y las todas, por lo que no fue ninguna sorpresa que respecto al fútbol dijera que era “una cosa estúpida de ingleses…Un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”. Claro que con esa misma lógica lo retrucó Alejandro Dolina, quien respecto de este aserto afirmó que era “una forma perversa de razonamiento; un cinismo que invalida todas las letras del mundo: Así, el Quijote no es otra cosa que un conjunto de letras negras sobre papel blanco”. O sea, la tuya y otra más, o más corto ¡Toma!

Como pueden ver, durante mucho tiempo, salvo algunas excepciones, la literatura desdeñaba el fútbol y los futboleros huían de la literatura. Pero tal vez fueron esas excepciones que, rescatadas de alguna estantería, inspiraría a sólidos escritores, en distintas formas, a tratar la temática del futbol en páginas verdaderamente entrañables.

No sé si el primero, pero si uno de los primeros fue Horacio Quiroga. Por los años 20 del siglo pasado, con su cuento “Suicidio en la Cancha”, dio el puntapié inicial a esta temática. Tétrico como era su estilo, Quiroga se inspira en un hecho real (la del jugador Abdón Porte) para elaborar la historia de un jugador de Nacional que ve como la gloria va desapareciendo y antes de perder la titularidad en el equipo, producto del inefable paso de los años, decide poner término a su vida en el círculo central de la cancha que conoció su gloria.

Como verán, el tema del fútbol se encara (para utilizar un término futbolístico) desde la distorsión que provoca la pasión. En las historias de fútbol los relatos recorren todos los aspectos del “drama dominical”: el juego en sí mismo, el jugador, el hincha por supuesto, el árbitro que decir y no menos importante, relator de la brega. Todo esto lo abordaré en otras columnas, así que, por si les entusiasma este tema, les dejo esta joyita como adelanto extraído del libro “De fútbol Somos” de Rodolfo Braceli:

–¿Te vas?
– Sí. Me voy.
– Pero volvés enseguida.
– Vuelvo a la noche.
– A tu madre la vamos a enterrar a las tres y media.
– No importa, papá. Yo me voy al partido.
– ¡Pedazo de hijo de puta!
– No la insultés a la vieja, papá. Además, murió hace diez horas.
– ¿Tengo que felicitarte por lo que vas a hacer? Pero carajo: ¡por ir al partido dejarás de ir al entierro de tu madre!
– Para que lo sepás: ayer, en ese ratito en el que recuperó el conocimiento, yo le alcancé a preguntar qué hacía si se me llegaba a juntar su entierro con la final del domingo. Y ella me dijo Vos te vas al partido.
– ¿Y vas a ir nomás al partido?
– Seguro, papá. Fue su último deseo.

 

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