Chile vuelve a lo más alto de la arquitectura mundial. Smiljan Radic Clarke ha sido galardonado con el Premio Pritzker 2026, convirtiéndose en el segundo profesional de nuestro país en recibir el honor más prestigioso del rubro, siguiendo los pasos de Alejandro Aravena en 2016. El reconocimiento no solo premia su trayectoria, sino una filosofía que desafía las convenciones del acero y el hormigón.
El valor de lo frágil en un mundo de certezas A diferencia de los grandes monumentos que buscan la eternidad, el jurado del Pritzker destacó que las obras de Radic poseen una cualidad única: parecen «temporales, inestables o deliberadamente inacabadas». Lejos de ser un defecto, esta característica busca abrazar la vulnerabilidad como una parte esencial de la vida moderna.
Según el propio Radic, su trabajo habita en la tensión entre las estructuras masivas que duran siglos y las construcciones pequeñas y fugaces, «tan efímeras como la vida de una mosca». Esta visión busca generar una conexión emocional que obligue al espectador a detenerse y reconsiderar un entorno que, muchas veces, lo ignora.
Un sello chileno de impacto global El premio, que incluye 100 mil dólares y una medalla de bronce, fue otorgado por un jurado liderado precisamente por Alejandro Aravena. Aravena destacó la «originalidad radical» de Radic, señalando que cada uno de sus proyectos es una investigación singular que escapa a las fórmulas repetitivas.
Aunque sus obras suelen parecer austeras, detrás de ellas hay una ingeniería de precisión que utiliza materiales como el vidrio, la madera y la piedra para jugar con la luz y el sonido.
Dónde ver su legado Para quienes deseen experimentar el arte de Radic de primera mano, su huella está presente en hitos urbanos y paisajes icónicos:
- Restaurante «Mestizo»: Ubicado en el Parque Bicentenario de Vitacura.
- Teatro Regional del Biobío: Una pieza clave de la cultura en Concepción.
- Museo de Arte Precolombino: La aplaudida ampliación «Chile Antes de Chile».
- Viña Vik: En la Región de O’Higgins.
Con este triunfo, la arquitectura chilena reafirma su posición como un referente global, demostrando que desde la periferia se pueden proponer refugios «optimistas y discretamente alegres» que resuenen en todo el planeta.


