InicioDestacadaCadena perpetua para el responsable de la burbuja inmobiliaria en China: fue...

Cadena perpetua para el responsable de la burbuja inmobiliaria en China: fue el hombre más rico del país

 

La imagen dio la vuelta al mundo y caló hondo en quienes siguen de cerca los escándalos de cuello y corbata: Xu Jiayin, el hombre que en 2017 fue coronado como el más rico de China, apareció ante los tribunales de Shenzhen con el pelo canoso, el rostro desencajado y flanqueado por custodios policiales. La justicia de ese país lo condenó en primera instancia a cadena perpetua y al embargo total de sus bienes tras declararlo culpable de un masivo esquema de corrupción que incluye falsificación de información financiera, emisión fraudulenta de acciones, desfalco y sobornos.

La caída del otrora «supercreador de riqueza» no solo sepulta la carrera de un magnate que llegó a acumular una fortuna estimada en 42.500 millones de dólares; también pone la lápida a un modelo de especulación inmobiliaria que terminó por reventar en las manos de la clase media.

La máquina de vender humo «en verde»

El ascenso de Evergrande, la firma fundada por Xu en 1996, parecía el cuento de hadas perfecto de la China reformista. Nacido en la pobreza rural, el empresario levantó un imperio basado en una fórmula que en Chile conocemos bastante bien: compras en verde (sobre plano), rotación rápida de capital y un endeudamiento agresivo y desmedido. Durante años, el holding se diversificó comprando clubes de fútbol, invirtiendo en autos eléctricos y cultivando una fachada de filantropía y cercanía con el poder político. Xu repetía con orgullo que su sueño era «darle un hogar a la gente».

Pero detrás de la retórica de responsabilidad social se escondía una realidad brutal. Cuando la burbuja estalló en 2021 al declararse el impago de su deuda extraterritorial, quedó al descubierto que el gigante tenía 1,4 millones de viviendas vendidas y cobradas que ni siquiera se habían empezado a construir. El descalabro financiero dejó al descubierto pasivos astronómicos que superan los 300.000 millones de dólares. La soga al cuello de la empresa terminó arrastrando a otras promotoras gigantes como Country Garden y China Vanke, golpeando directamente los ahorros de millones de familias que vieron cómo sus futuros hogares se convertían en proyectos fantasma.

El freno de mano estatal y la tiranía del mercado

La debacle no fue un accidente fortuito. En 2020, alarmado por el alza descontrolada del precio de los inmuebles —que se habían vuelto inalcanzables para el ciudadano común—, el gobierno de Pekín aplicó las llamadas «tres líneas rojas», una estricta regulación para frenar el acceso al crédito de las empresas sobreendeudadas. Bajo la premisa del presidente Xi Jinping de que «las viviendas son para vivir en ellas, no para especular», el financiamiento fácil se cortó de golpe, dejando al descubierto que el coloso inmobiliario funcionaba prácticamente como un esquema piramidal de preventas.

Pese a que las autoridades han intentado inyectar salvavidas financieros —como un paquete de créditos subsidiados por 42.250 millones de dólares lanzado en mayo de este año—, el mercado simplemente no reacciona. La desconfianza de los compradores es total y las ventas comerciales de suelo siguen en caída libre interanual, acumulando años de retrocesos constantes.

Una lección de dureza frente al abuso corporativo

Mirado con ojos ciudadanos y descreídos, el histórico juicio en Shenzhen deja una incómoda lección de este lado del globo. El tribunal no solo sentenció al fundador del grupo a pasar el resto de sus días tras las rejas; también aplicó multas por más de 2.300 millones de dólares contra Evergrande Group y su filial de construcción, además de penas de entre 6 y 18 años de prisión para otros cinco altos ejecutivos de la compañía.

En una industria que representa cerca de un 30% del Producto Interno Bruto (PIB) indirecto del gigante asiático, la señal judicial es drástica: la estabilidad social y el derecho a la vivienda no pueden quedar supeditados a la avaricia de los especuladores financieros. Mientras el mercado inmobiliario chino intenta asimilar el golpe de ver a su mayor ícono despojado de toda su riqueza, el desplome de Evergrande queda como un frío recordatorio de que, cuando se permite que el derecho a habitar se transforme en un casino de apuestas financieras, los platos rotos siempre los termina pagando la gente común.

📊 Podríamos armar un gráfico interactivo para dimensionar el tamaño de la gigantesca deuda acumulada por Evergrande en comparación con el Producto Interno Bruto (PIB) de Chile y otros países de América Latina para entender la magnitud de la crisis.

Debes leer

spot_img