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Dos diagnósticos, dos lenguajes, un mismo país

Chile a 30 años y ni sonrojo, ni oído: dos diagnósticos, dos lenguajes, un mismo país que se reinicia cada cuatro años 

El domingo 23 de agosto, los alcaldes de Providencia, Jaime Bellolio (UDI), y de Maipú, Tomás Vodanovic (Frente Amplio), publicaron en El Mercurio una columna conjunta titulada «Chile a 30 años: una invitación desde dos veredas distintas». En 48 horas, la propuesta generó una ronda intensa de entrevistas, apoyos transversales, y también las críticas esperables de los sectores más polarizados del espectro político.

El diagnóstico central de ambos alcaldes es simple, y suena, para quien haya seguido el debate sobre desarrollo social chileno de los últimos años, extrañamente familiar: Chile, dicen, se reinicia cada cuatro años dependiendo de quién gobierne, lo que impide resolver problemas de fondo y debilita la confianza ciudadana en la propia democracia liberal. Proponen siete acuerdos de Estado —reforma política, modernización del empleo público, un pacto por la primera infancia y la vejez, infraestructura y adaptación climática, productividad y empleo, seguridad, y tecnología con democracia— que trasciendan el ciclo electoral.

Un diagnóstico que ya estaba escrito en otro lenguaje 

Lo notable es que buena parte de ese diagnóstico ya estaba documentado, con otro vocabulario, en Ni Sonrojo, ni Oído, el libro del economista y psicoanalista relacional Humberto Del Pozo López, que sostiene una tesis estructuralmente idéntica a la de los alcaldes: que Chile ha normalizado, sin sonrojarse, cinco formas de sordera institucional, y que esa sordera no es un accidente de gestión, sino el resultado de un sistema político que jamás logra sostener una política pública más allá del gobierno de turno.

El tercer eje de «Chile a 30 años» —primera infancia y vejez como un mismo pacto nacional— coincide, casi palabra por palabra, con la Primera y la Segunda Sordera que el libro documenta: la primera hora de vida negada en cuatro de cada cinco partos, la educación temprana tratada como gasto prescindible en vez de como inversión, y programas que cambian de nombre y presupuesto cada vez que cambia el color político del gobierno. El quinto eje —productividad estancada— retoma, con las mismas cifras, algo que el libro ya incorporó citando a la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad: dieciséis años consecutivos sin que la Productividad Total de Factores chilena logre crecer.

Lo que uno tiene, y el otro no menciona

Hay, sin embargo, diferencias reveladoras entre ambos diagnósticos. «Chile a 30 años» no menciona en ningún momento la caída de la natalidad como problema autónomo —el libro documenta que Chile registra hoy 0,99 hijos por mujer, la tasa más baja de la historia de la región, con una voz que la propuesta municipal no incluye: la de la escritora Lina Meruane, quien en 2026 declaró públicamente que se habla mucho de la crisis demográfica, pero poco de los factores que hacen que las mujeres no quieran ser madres. Tampoco aparece, en los siete ejes de los alcaldes, ninguna mención a la educación afectivo-sexual de los adolescentes, ni a la Ley Adriana —estancada en el Senado desde 2018—, que encajaría con precisión en el primer eje municipal sobre reforma al sistema político.

A la inversa, el libro no aborda la seguridad pública ni el crimen organizado, ni la desinformación algorítmica que ocupa el séptimo eje de la propuesta municipal, ni la infraestructura climática del cuarto eje — territorios que «Chile a 30 años» cubre y que el diagnóstico de las cinco sorderas deja fuera de su alcance.

Dos lenguajes para un mismo país

Quizás la diferencia más reveladora entre ambos proyectos no está en lo que dicen, sino en cómo lo dicen — y en a quién logran llegar con eso.

El libro construye su argumento con metáforas corporales: sordera, sonrojo, la hora sagrada del primer contacto piel con piel, la neurocepción que evalúa el peligro por debajo de la conciencia. Son imágenes que apuntan hacia adentro, que buscan que quien lee sienta la falla en su propio cuerpo antes de comprenderla como argumento institucional.

Los alcaldes, en cambio, recurren a un vocabulario administrativo y bélico: Chile que «se reinicia» como una máquina, la «trinchera ideológica» que hay que abandonar, la costumbre de «apagar incendios» en vez de construir, volver a «foja cero» con cada cambio de gobierno, la necesidad de «blindar» ciertas políticas frente al vaivén electoral. Son metáforas de gestión pública y de guerra de baja intensidad, dirigidas a instalar urgencia técnica en una audiencia de decisores políticos y empresariales — no a que la ciudadanía sienta, en el cuerpo, por qué estas reformas importan.

Ninguno de los dos lenguajes, por separado, logra lo que el otro sí consigue. El vocabulario del libro no tiene, todavía, un vehículo político capaz de instalar su diagnóstico en la conversación pública con la velocidad con que «Chile a 30 años» lo logró en apenas 48 horas. El vocabulario municipal, por su parte, no ofrece ningún lenguaje capaz de hacer que la ciudadanía sienta la urgencia de estas reformas más allá del argumento técnico y la advertencia institucional.

Una misma pregunta, todavía sin respuesta común 

Que dos alcaldes de sectores políticos opuestos y un economista devenido psicoanalista relacional hayan llegado, por caminos completamente distintos, al mismo diagnóstico sobre el cortoplacismo chileno, sugiere que el problema es, en efecto, tan real como ambos insisten. La pregunta que ninguno de los dos proyectos termina de responder —y que quizás solo el tiempo, y la capacidad real de movilizar apoyo ciudadano sostenido, puedan responder— es si un país que se reinicia cada cuatro años puede, esta vez, sostener un acuerdo diseñado para durar treinta.

Humberto Del Pozo
Humberto Del Pozo
Psicoanalista relacional, cientista social y escritor. Facilitador y Director del Centro Bert Hellinger desde 1999.

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