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Kusama y el deseo de disolver el ego

Yayoi Kusama ( japonesa, 22 Marzo 1929 – 14 Agosto 2026). Ha partido una de las artistas contemporáneas más influyentes, mundialmente famosa por sus inmersivas salas de espejos infinitos, sus hipnóticos patrones de puntos y sus famosas esculturas de calabazas.

Desde niña, Kusama experimentó alucinaciones que la llevaron a ver patrones repetitivos, los cuales convirtió en el tema central de su arte como una forma de disolver su identidad en el universo. Se estableció en el Nueva York de los años sesenta, viviendo una época de mucha vanguardia antes de regresar a Japón, donde continuó creando desde un hospital psiquiátrico.

Los conceptos o categorías principales de su obra incluyen la auto-anulación, donde busca disolver su identidad disolviéndose en el infinito, la repetición obsesiva de patrones (fractalidad) como los puntos, la externalización de sus alucinaciones como parte de su proceso artístico y salud mental.

El deseo de Kusama de disolver el ego y desaparecer en patrones infinitos contrasta directamente con la economía de la visibilidad y el narcisismo de la cultura pop actual. En lugar de promover el exhibicionismo o el hedonismo, su obra busca una forma de liberación a través de la pérdida de la identidad individual, convirtiendo su trauma y sus visiones en un espacio compartido.

Para Kusama, sus instalaciones no son meros espacios de tránsito, sino lugares donde se vive una experiencia emocional profunda, donde el dolor y la percepción se entrelazan. Es la disolución del yo. En la filosofía oriental, especialmente en el budismo, el desapego a la identidad individual permite alcanzar un estado de plenitud y conexión con el todo, transformando el vacío en un lugar sagrado.

La vacuidad en su obra no es una ausencia, sino una plenitud abierta donde todo es posible.

Al sumergirse en sus instalaciones infinitas, ese aparente vacío de puntos o luces se convierte en un todo vibrante donde el espectador se disuelve, experimentando esa presencia absoluta.

Es una crítica profunda contra el materialismo compulsivo y la desconexión con la propia interioridad. Esa búsqueda incesante de acumulación externa genera inevitablemente un vacío existencial y desequilibrios psicosomáticos que afectan la armonía del ser.

Desde su estado de conciencia la vacuidad es la compulsión de totalidad, de desapego de un ego narcisista para llevarlo hacia un nos de absoluta totalidad. Esa la esencia de su transformación. Kusama utiliza su propia consciencia y traumas para disolver el ego narcisista, convirtiendo la experiencia artística en un medio para conectar con la totalidad, el «nosotros» cósmico, donde la vacuidad no es carencia, sino plenitud infinita.

Tras su partida, el mundo del arte ha coincidido en recordar a Yayoi Kusama como una fuerza radical, compleja y valiente. Especialistas como el galerista David Zwirner la describieron como la artista viva más famosa del mundo, mientras que el artista Tadanori Yokoo la llamó reina de la contemporaneidad, destacando su capacidad para trascender los límites de la vida y la muerte.

Por su parte, la historiadora Katy Hessel señaló cómo sus puntos demostraron que cada elemento importa para formar un todo hermoso. En general, se resalta su legado como una visionaria que hizo el arte accesible a todos.

Su uso de formas geométricas y motivos naturales simples, como las esferas y las calabazas, democratiza el arte. Transforma lo elemental y cotidiano en vehículos de infinito y obsesión, conectando la materialidad más básica con conceptos profundos como el despojo del yo y la totalidad cósmica.

Su arte es un antídoto contra la alienación moderna; al externalizar sus alucinaciones y obsesiones, Kusama nos invita a recuperar nuestra subjetividad, transformando la «posesión» de las visiones en una apertura total y armoniosa con el universo.

Es una lectura certera. Su arte demuestra que la verdadera riqueza y sentido no provienen de la acumulación exterior, sino de la capacidad de habitar nuestra propia interioridad con asombro y creatividad.

La partida de Yayoi Kusama simboliza el cierre de una existencia que desafió las normas de la cultura pop contemporánea. Mientras el mundo actual se rige por el exhibicionismo y la hipervisibilidad del ego, Kusama propuso la disolución de la identidad individual a través de la auto-anulación.

Su obra transforma el espacio físico no en un lugar de tránsito, sino en un lugar emocional profundo, donde el vacío es entendido como vacuidad, es decir, como la plenitud y el sentido del todo.

Utilizando elementos de materialidad simple, como esferas y motivos naturales, su arte conecta lo fundamental con lo cósmico.

Finalmente, su insistencia en la inmersión interior se erige como un antídoto necesario contra el materialismo y el nihilismo, demostrando que la verdadera armonía reside en el equilibrio entre el ser y el universo.

Influyó en Andy Warhol y Claes Oldenburg, Kusama unió el arte vanguardista de los años 60 con la cultura pop masiva, se convirtió en un ícono global de la cultura pop gracias a sus lunares psicodélicos, sus instalaciones inmersivas y su fuerte presencia en la moda y el arte urbano.

 

Carlos Cantero Ojeda
Carlos Cantero Ojedahttps://www.bcn.cl/historiapolitica/resenas_parlamentarias/wiki/Carlos_Cantero_Ojeda
Geógrafo, académico, columnista y político chileno. Master y Doctorado en Sociología. Cuenta con una destacada trayectoria en la administración pública y en la representación parlamentaria de la Región de Antofagasta, especializándose además en sociología, transformación digital y descentralización.

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