La diplomacia chilena enfrenta un inesperado nudo crítico en el Caribe. Lo que parecía un nombramiento administrativo de rutina para la embajada en Panamá se ha transformado en un conflicto político de proporciones. La diputada panameña Paulette Thomas ha manifestado su rechazo categórico ante el posible arribo de Ricardo Rincón a la delegación nacional, reactivando un expediente judicial que el exdemócrata cristiano arrastra desde hace casi dos décadas.
El foco del conflicto no es ideológico, sino ético y judicial. Thomas recordó públicamente la denuncia de 2002 por lesiones físicas contra su expareja, Carolina Hidalgo, caso que en su momento sacudió la política chilena y terminó costándole a Rincón su carrera parlamentaria tras ser blindado y luego expulsado de su partido. Para la legisladora panameña, aceptar a un representante con este historial contraviene los esfuerzos de su país en la lucha contra la violencia de género.
Este impasse pone al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile en una posición incómoda. Mientras las relaciones internacionales exigen perfiles de alta probidad, el resurgimiento de este caso evidencia que, en la era de la transparencia global, los antecedentes de violencia ya no quedan atrapados en las fronteras nacionales. La decisión de avanzar o retroceder con este nombre marcará un precedente sobre los estándares mínimos para representar al Estado chileno en el exterior.
Nota de la Redacción: En una versión anterior de esta nota se atribuyeron estas declaraciones a la diputada Walkiria Chandler, debido a un error involuntario. Ofrecemos las disculpas correspondientes a la parlamentaria y su equipo.


