Una de las piezas clave en este esquema era Maite Celis, una chilena de 27 años que recientemente se declaró culpable ante la justicia federal. Su rol consistía precisamente en gestionar estos arriendos para que el resto de los diez miembros del grupo pudiera operar bajo un manto de normalidad en zonas residenciales.
Una organización criminal integrada por chilenos protagonizó una audaz racha de asaltos en la costa oeste de Estados Unidos, logrando un botín histórico que supera los 5.300 millones de pesos chilenos (US$5,5 millones). La banda, que operó entre mayo y octubre de 2024, centró sus ataques en cajeros automáticos de los estados de California, Oregón y Washington utilizando tácticas de alta precisión y camuflaje.
El «cuartel general» en arriendos vacacionales La logística del grupo era fundamental para el éxito de los golpes. Según los antecedentes revelados por la fiscalía estadounidense, la banda contaba con una red de apoyo que se encargaba de arrendar propiedades vacacionales cerca de las sucursales bancarias seleccionadas. Estas casas funcionaban como zonas de preparación e inteligencia, donde los delincuentes estudiaban los puntos ciegos y los horarios de los cajeros antes de actuar.
De acuerdo con la información consignada por Emol, una de las piezas clave en este esquema era Maite Celis, una chilena de 27 años que recientemente se declaró culpable ante la justicia federal. Su rol consistía precisamente en gestionar estos arriendos para que el resto de los diez miembros del grupo pudiera operar bajo un manto de normalidad en zonas residenciales.
Disfraces y tecnología de bloqueo El «modus operandi» de la banda destacaba por su nivel de producción. Para no levantar sospechas durante los robos, los sujetos vestían chalecos de construcción y mascarillas quirúrgicas, simulando ser personal de mantenimiento en las cámaras de seguridad.
Una vez en el lugar, el grupo empleaba herramientas pesadas y tecnológicas: utilizaban sopletes para abrir las estructuras de acero de los cajeros y, de forma paralela, activaban inhibidores de señal de celular. Estos dispositivos bloqueaban las comunicaciones en el área, impidiendo que los sistemas de alarma notificaran a la policía o que testigos pudieran realizar llamadas de emergencia durante el asalto.
Confesión y condena El caso dio un giro determinante esta semana tras el acuerdo alcanzado por Maite Celis con los fiscales federales. La joven, que enfrentaba inicialmente diez cargos por robo bancario y uno por conspiración, aceptó su responsabilidad en los hechos.
Pese a que las penas máximas por estos delitos suman 25 años de cárcel, la fiscalía ha recomendado una sentencia más baja tras su confesión. La sentencia definitiva se conocerá el próximo 1 de junio, mientras las autoridades norteamericanas continúan tras la pista del resto de los integrantes de esta red de «turismo delictual» de alta gama.


