InicioEditorialEditorial: El regreso de la política pese a Trump

Editorial: El regreso de la política pese a Trump

El mapa de este martes no solo es azul. Es distinto. La debacle de los republicanos en el Senado, la Cámara de Representantes y Gobernadores, trajo no solo un aire fresco en Estados Unidos, sino que reinstaló la política y los equilibrios, requisito sine qua non, en un país que estaba siendo sometido al autoritarismo.

Por primera vez en 38 años Texas envía un senador demócrata a Washington. James Talarico, 36 años, pastor y ex profesor de Austin, ganó en un estado que los republicanos daban por blindado. No llegó solo: Sherrod Brown recuperó Ohio — el asiento que dejó JD Vance para ser vicepresidente —, Adam Hamilton dio vuelta Kansas, y las sorpresas de Iowa y Carolina del Sur sellaron el control demócrata del Senado con al menos 54 votos (44 republicanos), con proyecciones que llegan hasta 56 si se cuenta el independiente de Nebraska.

En la Cámara, la mayoría no es de 5 votos. Es de 37. Con 255 escaños proyectados, los demócratas tienen suficiente margen para gobernar.

¿Y quiénes son esos nuevos inquilinos?

No es el Partido Demócrata de 2020.

Hay tres corrientes que se instalan hoy en el Capitolio:

1. Los obreros del Medio Oeste: Brown en Ohio, los nuevos representantes de Michigan y Wisconsin. No hablan de lenguaje inclusivo. Hablan de fábricas, de aranceles bien puestos — no como castigo ideológico, sino como protección industrial — y de sindicatos. Son demócratas que le disputan a Trump su propio electorado blanco sin título universitario.

2. Los texanos y el Sun Belt: Talarico es un demócrata que habla de educación pública y de precio de la vivienda en los suburbios. Su victoria, junto a la retención de gobernaciones en Arizona y Carolina del Norte, confirma que el futuro demócrata ya no es solo costero. Es suburbano, latino y joven.

3. Las primicias históricas: Deb Haaland, primera gobernadora indígena en la historia de EEUU en Nuevo México. Xavier Becerra, primer gobernador latino de California en 150 años. No es simbólico. Es la consolidación de un poder estatal que va a chocar de frente con Washington en temas de inmigración, salud y transición energética.

¿Cómo cambia la política de EEUU?

Se acaba la aplanadora. Los dos últimos años de Trump ya no serán por decreto y mayoría complaciente. El autoritarismo deja paso a la política.

– Freno y lupa: La nueva Cámara tiene poder de citación. Se vienen investigaciones sobre contratos del Departamento de Eficiencia Gubernamental, sobre la política arancelaria con China y sobre el manejo de la reserva petrolera. No para un impeachment — los votos no están — sino para el desgaste y la negociación.

– El freno fiscal: El gran temor de Wall Street ayer no era el gasto demócrata. Era el gasto republicano sin techo. Un gobierno dividido limita la emisión de nueva deuda y la expansión fiscal descontrolada. Por eso cayeron los rendimientos de los bonos a 10 años y se debilitó el dólar. Para el mercado, un Congreso que frena es mejor que un Congreso que firma todo.

– Política exterior a dos velocidades: Trump seguirá mandando en la Casa Blanca, pero ya no podrá desmantelar tratados comerciales o imponer aranceles del 60% a Europa sin que el Senado le pida cuentas. El apoyo a Ucrania, que los republicanos tenían congelado, vuelve a tener un salvavidas demócrata. Y en Medio Oriente, el ala más progresista pondrá condiciones a la ayuda militar a Israel, algo impensado hace tres días.

La repercusión mundial

El mundo no celebra a los demócratas. Celebra que alguien le ponga freno a la incertidumbre.

Para Europa, los gobiernos de derecha francesa o italiana festejan tanto como el de izquierda española, pues es oxígeno para negociar. Para China, Washington es un rival más predecible. Para América Latina, es el regreso de la política tradicional: menos tuits sobre el patio trasero, el mentado escudo de las Américas y más negociación sobre fentanilo, migración y cobre.

Y ahí entra Chile.

Lo de ayer en Santiago — IPSA en 10.627 con +2,52%, dólar en $965, cobre en US$6,44 y petróleo Brent cayendo a US$94 — no fue casualidad. Cuando Washington se modera, los activos de países abiertos, mineros y endeudados en dólares, como Chile, respiran.

El desafío de La Moneda ahora no es celebrar la caída del dólar. Es entender que esta ventana la abrió la política interna de Estados Unidos, no un mérito propio. Y que puede cerrarse igual de rápido si Trump insiste con atacar Irán.

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