InicioTendenciasChile y el desamparo de la primera infancia

Chile y el desamparo de la primera infancia

El Estado chileno no padece una sordera clínica; padece un delirio estructurado. Operamos bajo una ficción colectiva impecablemente diseñada para mantener a raya lo Real: la certidumbre de que, mientras exista un culpable individual que exhibir ante las cámaras, el sistema sigue funcionando.

Freud planteaba que la mente no busca registrar la realidad desnuda, sino construir una arquitectura simbólica para sobrevivir sin colapsar bajo el peso de la verdad. En Chile, la máquina mediática e institucional funciona como esa «máquina de ficción»:

La prueba de ADN en el noticiero es el sueño bien construido, con culpables con rostro, horarios estelares y sentencias inmediatas. Es la neurosis que tranquiliza porque localiza el mal en el cuerpo de un tercero.

El colapso sistémico —la caída de la natalidad a un inédito 0,99 hijos por mujer, el freno del crecimiento económico o el abandono de la primera infancia— es lo Real. Aquello que resiste a la representación y se acumula en las estadísticas del INE.

La arquitectura del silencio y el lecho de Procusto

Este delirio no es un accidente de marcha; responde a una pedagogía institucional con historia. En noviembre de 1976, cuando ingresé al Banco Central de Chile, la recepción de un directivo a los nuevos investigadores no versó sobre modelos econométricos ni sobre demanda agregada, sino sobre una lección más imperativa y amarga: «Aquí aprenderá a pulir silencios». Esa consigna —nacida para acallar los dilemas distributivos e imponer una supuesta neutralidad técnica— fijó la matriz del modelo económico que rige hasta hoy.

Como señala el economista Héctor Vega en su análisis El lecho de Procusto, ese mandato de omitir lo estructural persiste: el freno de la economía chilena no responde a crisis externas, sino a un estrangulamiento interno autoinfligido. La alianza entre Hacienda y el Banco Central, atada a una meta rígida de inflación mediante una Tasa de Política Monetaria restrictiva, genera un «falso equilibrio». Esta restricción asfixia la inversión productiva, sosteniendo un desempleo estructural sobre el 9% y abriendo una brecha negativa de 4,21 puntos del PIB. Se neutralizan más de 13.000 millones de dólares anuales en riqueza potencial en aras de un equilibrio contable abstracto. Priorizar dogmáticamente la tasa por sobre el desarrollo crea una ilusión de control que paraliza la demanda efectiva y genera cicatrices irreversibles (histéresis).

El espejo internacional es revelador. Tras la crisis de 2011, Portugal aplicó este mismo manual de austeridad bajo la Troika, derivando en un estancamiento prolongado, pérdida de capital humano y subinversión. No fue hasta que el gobierno de António Costa alivió la presión contractiva y estimuló la demanda interna que la economía respondió, desmintiendo el dogma de que la restricción permanente es la única vía.

Lo Real mutilado: Neurobiología de la primera hora y rotación de camas

Esta misma lógica contable opera, con una precisión aterradora, en la sala de partos. Ningún examen detecta que cuatro de cada cinco nacimientos chilenos no cumplen la primera hora de contacto piel con piel que la evidencia médica recomienda. Esa hora, medida en la única unidad que el sistema hospitalario sabe escuchar, es una cama que no rota.

En la Teoría Polivagal de Stephen Porges, el sistema nervioso neonatal evalúa ininterrumpidamente el entorno buscando señales de seguridad o peligro a través de la neurocepción. El hábitat natural del recién nacido es el pecho materno: el contacto piel con piel activa el circuito vagal ventral, inunda el cerebro de oxitocina, regula la temperatura y estabiliza el ritmo cardíaco. Cuando la prioridad es rotar la cama para la siguiente parturienta, la separación inmediata es interpretada por el recién nacido como un peligro inminente de muerte. El bebé entra en un estado de colapso polivagal (vagal dorsal), una parálisis por terror. En la aritmética silenciosa de la rentabilidad hospitalaria, la oxitocina pierde contra la hoja de cálculo sin dejar rastro que un laboratorio pueda mostrar ante un tribunal.

La obscenidad preescolar y la poda neuronal

Esta desatención inicial sienta las bases del desastre biológico posterior. Adquiere así toda su fuerza la denuncia de Mario Waissbluth, quien ha calificado la política educativa chilena como una auténtica «obscenidad». Durante décadas, el sistema político privilegió los recursos para la educación superior, postergando de manera sistemática la educación inicial de 0 a 6 años.

Como demuestra el Premio Nobel James Heckman, la rentabilidad social y neurológica de invertir en la educación preescolar es hasta siete veces superior a la de la educación superior. Sin embargo, en Chile se escatiman fondos en salas cuna universales y estimulación temprana, forzando un fenómeno devastador: la poda neuronal por deprivación.

La poda sináptica es un proceso natural donde el cerebro elimina conexiones en desuso. Cuando un niño es criado en un entorno de abandono institucional, sin estimulación afectiva o sobreexpuesto a pantallas, los circuitos sinápticos del área prefrontal (empatía, funciones ejecutivas, regulación emocional) no se activan y son eliminados para siempre. Se sacrifica la masa encefálica y emocional de las futuras generaciones mientras el Estado gasta fortunas en administrar las consecuencias (salud mental, delincuencia y desempleo).

Despertar del delirio

El estallido de 2019 fue el grito sintomático, la pesadilla recurrente que intentó inscribir lo inscriptible. Al no encontrar un lenguaje institucional capaz de metabolizarlo, el sistema lo devolvió al remolino de la repetición.

Despertar no exige destruir el sistema de golpe, sino romper el mandato de pulir silencios, superar el encadenamiento del Estado y aprender a leer la ficción. Exige entender que no hay estabilidad económica real si se logra a costa de desmantelar la arquitectura cerebral y emocional de nuestros niños desde su primera hora de vida. Reconocer que el fetiche por el culpable de turno en el noticiero es solo nuestro anestésico para no mirar el abismo.

¿Qué ficción personal estás sosteniendo hoy para no escuchar el silencio que hay a tu alrededor?

 

Humberto Del Pozo
Humberto Del Pozo
Psicoanalista relacional, cientista social y escritor. Facilitador y Director del Centro Bert Hellinger desde 1999.

Debes leer

spot_img