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    Crear un tercer camino

    Desde Madrid

    El pasado miércoles 21 de enero, el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, sacudió las conciencias de todos los presentes en el Foro de Davos, Suiza. Sus palabras claras, sin rodeos ni figuraciones, expresó lo que muchos piensan de la realidad que estamos viviendo en el mundo, pero que pocos lo dicen. Por eso, al terminar su intervención, los participantes en este foro económico mundial aplaudieron largamente y de pie, su análisis y su estrategia de futuro.

    Confieso que en la generalidad de los conceptos y en el posibilismo de sus propuestas, siento que es lo que debemos hacer en este primer paso de la solución a la gran tensión a que estamos siendo sometidos. Por eso, entiendo lo que Carney llamó “crear un tercer camino”. Y para comprender mejor esta vía de solución, voy a recoger frases textuales del Primer Ministro canadiense.

    Hablando en nombre de lo que llamó “potencias medias”, señaló con rotundidad que estos países “Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”.  Luego describió la situación de que estamos frente a un verdadero quiebre del orden mundial que nos hemos dado desde 1945, al término de la segunda guerra mundial: “Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima

    Aseguró que estamos en un período de transición y que “las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación”.

    Basado en lo que Canadá está realizando con valentía, al ampliar la visión y buscar nuevos mercados y socios, reconociendo la diversidad de opiniones e intereses, señaló la base ideológica de esta acción: “Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza”.

    Y agregó con convicción: “Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones”. Y remarcó una verdad lacerante: “Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no”.

    En sus palabras finales, apuntó las razones fundamentales para abrir la tercera puerta que propone: “El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos”.

    Este es un breve resumen del discurso del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney. Recomiendo leerlo acá  https://desenfoque.cl/2026/01/21/un-grito-desesperado-esperanzador/  Simplemente es una verdad de lo que ocurre y de -posiblemente- la mejor vía para enfrentarlo, asumiendo el gran desafío de construir un nuevo orden mundial, basado en compromisos éticos y morales, acordes con lo que consideramos el desarrollo humano futuro.

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