Soy Manuel Murillo Calderón, porteño, papá de cinco hijos y, sobre todo, un vecino más de esta tierra que amo. He pasado gran parte de mi vida recorriendo los cerros, las ferias, las sedes vecinales. Escuchando. Aprendiendo. A veces acompañando a familias que llevan años esperando una solución habitacional, una oportunidad, una casa donde empezar de nuevo.
La verdad es que ahí, entre esas conversaciones sinceras, descubrí lo que realmente me mueve: la vivienda. Porque cuando una familia logra abrir la puerta de su casa por primera vez, no solo entra a un lugar con techo y paredes. Entra a su propio futuro.
Mi historia y la de muchos
No nací en cuna de oro, y tal vez por eso entiendo tan bien lo que cuesta llegar a fin de mes. Fui dirigente vecinal, presidente de la Junta de Vecinos Joaquín Edwards Bello durante catorce años. También tuve el honor de ser vicepresidente de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Valparaíso.
Ahí aprendí algo que nunca olvidé: la política real se hace con los pies en el barro y el corazón en la comunidad. En esas reuniones con los vecinos, mientras discutíamos cómo mejorar un pasaje o cómo conseguir que el agua no siguiera bajando por las escaleras cada invierno, entendí que los grandes cambios comienzan con pequeñas victorias cotidianas.
Luego, como Consejero Regional y Presidente del CORE, pude transformar esas conversaciones en acciones concretas. Impulsamos proyectos que hoy están cambiando vidas: Los Laureles, Parque Barón, Rodelillo Alto. Miles de familias que antes vivían allegadas o en campamentos hoy tienen su casa propia. Y créeme, nada emociona más que ver a una mamá llorar al recibir las llaves de su hogar.

La vivienda como punto de partida
Para mí, la vivienda no es un tema más de campaña. Es el punto de partida de todo. Cuando una familia tiene un techo digno, puede pensar en el trabajo, en la educación de sus hijos, en la vida que quiere construir. Sin casa, todo lo demás se vuelve cuesta arriba.
Y es que, en Chile, hablar de vivienda es hablar de justicia. No puede ser que haya familias esperando veinte años por un subsidio, mientras los precios suben y los suelos bien ubicados se transforman en estacionamientos o bodegas.
Por eso quiero llegar al Congreso Nacional: para empujar leyes que devuelvan la esperanza y la posibilidad real de tener una vivienda. Quiero que el Estado sea un socio de las familias, no un muro de trámites.
Mi propuesta es clara: una Ley de Vivienda Digna y Accesible, que garantice suelo disponible, financiamiento permanente y procesos más simples. Que priorice a quienes llevan años esperando y también a la clase media que, sin ser rica, queda fuera de todos los beneficios.
Además, necesitamos barrios integrados, donde no se margine a nadie por su condición social. Viviendas con servicios cerca, con áreas verdes, con transporte y escuelas. Porque una casa sin entorno no es hogar, es apenas refugio.
Seguir construyendo, ahora desde el Congreso
A veces me preguntan por qué quiero ser diputado. Y la respuesta es simple: porque todavía hay demasiadas familias esperando. Porque no me resigno a ver cómo el sueño de la casa propia se vuelve un lujo. Porque creo que la política puede y debe servir para algo más que discutir en los pasillos del Congreso.
Mi lema, Murillo Construye, no es un eslogan inventado por un equipo de campaña. Es lo que he hecho toda mi vida. He construido confianza, soluciones, puentes entre la gente y las instituciones. Y quiero seguir haciéndolo, pero ahora desde el Congreso, con más herramientas y con la misma convicción: que cada familia tenga un lugar digno donde vivir.
Soy Manuel Murillo Calderón, candidato a Diputado por el Distrito 7, y quiero invitarte a seguir construyendo juntos un Chile donde tener una casa no sea un privilegio, sino un derecho que se cumpla con justicia, con gestión y con corazón.


