Señor Director:
Hace unos días Radio Cooperativa dejó de transmitir en el 88.1 FM de Valparaíso y Viña del Mar. Para muchos será apenas un cambio en el dial. Para mí, en cambio, fue como descubrir que una parte de mi historia había desaparecido silenciosamente.
Mi relación con Cooperativa comenzó mucho antes de internet, de los teléfonos inteligentes y de las redes sociales. Vengo de la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago Juan Fernández. En aquellos años, la educación llegaba sólo hasta octavo básico y, como tantos jóvenes de la isla, tuve que venir al continente para continuar mis estudios. Corría la década de los ochenta y Chile vivía tiempos difíciles.
Para quienes crecimos en esos años, la radio no era un simple aparato. Era una ventana al mundo. Era compañía, orientación y, muchas veces, la única forma de saber qué estaba ocurriendo realmente en el país.
Fue entonces cuando encontré a Cooperativa.
Me despertaba con su señal. Almorzaba escuchando sus noticias. Por las noches, antes de dormir, era la última voz que acompañaba mis pensamientos. Aprendí a reconocer su sonido característico, ese tono inconfundible que anunciaba que algo importante había ocurrido. Bastaban unos segundos para saber que el país estaba viviendo una jornada difícil.
En una época marcada por la censura y el silencio, Cooperativa fue una de las pocas radios que nos contaba lo que otros preferían ocultar. Gracias a ella entendí mejor el Chile que me rodeaba. Gracias a ella formé muchas de las convicciones sociales y políticas que aún mantengo, más de cuarenta años después.
Por eso hoy siento pena.
Sé que la radio sigue existiendo. Sé que puedo escucharla por internet. Pero no es lo mismo. Hay algo especial en encender un receptor y encontrar esa frecuencia donde siempre estuvo. Hay algo irremplazable en saber que una voz amiga sigue ocupando el mismo lugar en el aire que ha ocupado durante décadas.
Ahora me levanto por las mañanas, busco el 88.1 y ya no está. Sólo entonces comprendo que no he perdido una frecuencia. He perdido un hábito construido durante casi toda una vida. He perdido una compañía silenciosa que estuvo presente en mis alegrías, mis preocupaciones y mis recuerdos.
Las radios son mucho más que empresas de comunicación. Algunas terminan formando parte de la biografía de las personas. Cooperativa fue eso para mí una compañera de viaje durante más de cuarenta años.
Y por eso hoy, al recorrer el dial y no encontrarla, siento una nostalgia difícil de explicar. Es la misma tristeza que aparece cuando desaparece un lugar querido de la infancia. Uno sabe que el mundo sigue adelante, pero también sabe que algo importante quedó atrás.
Atentamente,
Jorge Andaur Vásquez


