Poca política y mucho ritmo

columna

El pulso del país está un poco acelerado. Mucho más entre Santiago y Valparaíso, porque todo lo político parece ser de corto plazo. La derrota del veto sustitutivo presidencial a la ley sobre resguardo de infraestructura crítica por militares, fue con votos oficialistas. También la aprobación del quorum de 4/7 para cambios constitucionales con el giro del Frente Amplio y el PC en el Senado. Todo rápido y pasito tun tún, como en la salsa. Lo primero golpeaba a todos y había que protegerse; el quorum favorece a todos, hay que aprovechar. Veremos qué pasa en la Cámara.

Para amenizar el baile, cantando baladas llegó la ex presidenta Michelle Bachelet, alineando así a alguien de la vieja guardia presidencial con el Apruebo. Pero el escenario no está para salsas o boleros. Y aunque ella cantara mejor que Estrella Rodríguez, ese personaje rutilante de Tres Tristes Tigres, excelsa novela del cubano Guillermo Cabrera Infante. el horno no está para bollos.

La fuerza de la realidad parece acercar los extremos a una mirada más pausada. Al menos en el Parlamento, sobre cómo seguir después del plebiscito de septiembre. Pero este será solo el primer paso en la selección de camino.

Alza violenta de precios, especialmente combustibles y canasta básica; delincuencia desatada sin contención policial real ni acción eficiente de los fiscales; iniciativa militar y política en manos de organizaciones mapuche, sin respuesta. Todo para septiembre incluso el test de drogas para parlamentarios. Hay mucho temor en juego, y el país parece viajar hacia el miedo, aunque sigue de juerga.

En macroeconomía el Gobierno está tirando la casa por la ventana. Los 25 mil millones de dólares inyectados estabilizar el precio del dólar, terminarán en manos de quienes tengan liquidez para comprarlos. Posiblemente las grandes empresas o los bancos. En pocos meses volverá a flotar sobre los mil pesos, y ante la incertidumbre política no llegarán inversiones, sino sólo capitales paloma, en busca de especulación cambiaria.

En todo caso, la fuerza de la realidad parece acercar los extremos a una mirada más pausada. Al menos en el Parlamento, sobre cómo seguir después del plebiscito de septiembre. Pero este será solo el primer paso en la selección de camino. Porque hay un nuevo soberano, el pueblo, que desea una nueva constitución, pero al parecer no la quiere totalmente como se la propusieron, ni lo convence una nueva convención. ¿Y entonces? Habrá que buscar las alternativas y preguntarle. Independiente si ella o alguien más, canta boleros.