InicioOpiniónEl candidato Kast ya le habría pedido la renuncia al Presidente Kast

El candidato Kast ya le habría pedido la renuncia al Presidente Kast

El candidato Kast ya le habría pedido la renuncia al Presidente Kast

Aún no terminan los ruidos por lo firmado con Argentina y las controversias por el Estrecho de Magallanes, y el Gobierno de José Antonio Kast ya tiene una nueva firma que explicar. Esta vez con Donald Trump y el llamado “Escudo de las Américas”.

Se nos ha dicho que se trata de seguridad, narcotráfico y combate al crimen organizado. Perfecto. Chile necesita cooperación internacional para enfrentar un fenómeno que hace rato dejó de respetar fronteras.

Pero el asunto no termina ahí.

La declaración también habla de revisión de inversiones, cadenas de suministro de minerales críticos e infraestructura digital. Es decir, hay una dimensión económica que no es menor.

Y no es menor tampoco recordar el caso del cable submarino chino entre Chile y Asia, cuyo proyecto quedó en revisión tras las objeciones de seguridad planteadas desde Washington. Cuando la seguridad empieza a definir con quién Chile puede conectarse, invertir o comerciar, la discusión deja de ser técnica: pasa a ser geopolítica.

Y Chile tiene precisamente lo que las grandes potencias necesitan: cobre, litio, tierras raras y recursos naturales.

No es casualidad que en marzo apenas asumido el Gobierno de Kast firmara con Estados Unidos una declaración sobre minerales críticos y tierras raras, orientada a fortalecer cadenas de suministro, identificar proyectos de interés y explorar mecanismos de inversión.

Mientras tanto, China sigue siendo nuestro principal socio comercial. En 2025 concentró el 33,3% del intercambio de bienes de Chile y el 36,8% de nuestras exportaciones.

Entonces conviene dejar de mirar el Escudo solamente con los ojos de la seguridad.

Hay algo más grande ocurriendo.

Estados Unidos quiere asegurar cadenas de suministro estratégicas. China también tiene intereses en nuestros recursos. Y Chile está sentado justo encima de una parte importante de aquello que las grandes potencias necesitan.

Por eso la pregunta no es si debemos relacionarnos con Estados Unidos.

Por supuesto que sí.

La pregunta es otra: ¿somos capaces de relacionarnos con Washington sin convertirnos en su patio trasero?

Porque ese concepto no desapareció. Cambió de forma.

Antes se hablaba de influencia política y militar. Hoy también se habla de inversiones, minerales críticos, tecnología y cadenas de suministro.

Y ahí la palabra soberanía deja de ser un discurso.

Se transforma en una prueba.

Kast ha hecho del patriotismo una de las banderas centrales de su discurso político. Chile primero. Defensa de los intereses nacionales, soberanía, orden, nación.

Bien.

Entonces ahora corresponde preguntarle por esa soberanía.

Porque es fácil hablar fuerte cuando se trata de defender una frontera frente a Bolivia. Lo difícil es hacer lo mismo cuando al frente está Estados Unidos.

Y la pregunta se vuelve todavía más incómoda después de las declaraciones del excanciller Mariano Fernández, quien aseguró que el canciller Francisco Pérez Mackenna les habría dicho a exministros de Relaciones Exteriores que era muy difícil para Chile no adherir porque Estados Unidos estaba presionando.

El Gobierno lo niega. Kast también. El canciller sostuvo que la única presión es la necesidad de que los chilenos estén seguros.

Entonces, que se aclare.

Porque si no hubo presión, mejor todavía. Que el Gobierno explique cuáles fueron las condiciones que Chile puso sobre la mesa y qué garantías obtuvo.

Pero si hubo presión, la pregunta es inevitable: ¿cómo respondió el Gobierno?

Porque ser soberano no significa pelearse con todo el mundo. Significa saber negociar con todos.

Y saber decir que no cuando corresponde.

Ahí está la diferencia entre tener una política exterior propia y simplemente acomodarse a la política exterior del más poderoso.

Y aquí aparece el verdadero problema del patriotismo de Kast.

No se trata de poner en duda su derecho a defender sus ideas. Se trata de confrontar su discurso con sus decisiones.

Porque el patriotismo no se prueba frente a las cámaras.

Se prueba cuando hay poder al frente, se prueba cuando Estados Unidos quiere algo, se prueba cuando China quiere algo, se prueba cuando Argentina plantea algo.

Y se prueba, sobre todo, cuando decir que no puede tener un costo.

Por eso la pregunta que queda dando vueltas es bastante simple:

¿Dónde queda el “Chile primero” cuando Washington aprieta?

Y si efectivamente hubo presión estadounidense, aunque el Gobierno lo niegue, hay una pregunta todavía más dura:

¿Le faltaron pantalones a Kast para decirle que no a Trump?

Esa es la contradicción que tendrá que despejar el Presidente.

Porque no basta con hablar de patriotismo. Hay que ejercerlo, no basta con levantar la bandera. Hay que defender lo que representa.

Y defender la soberanía no significa elegir entre Estados Unidos y China. Significa que ninguno de los dos decida por nosotros.

Chile tiene algo que ambos quieren: cobre, litio, territorio, posición estratégica y recursos que serán cada vez más importantes.

Eso debería darnos poder de negociación.

No convertirnos en patio trasero de nadie, ni de Washington, ni de Beijing.

Porque sería bastante triste que después de tanto discurso sobre soberanía terminemos descubriendo que el patriotismo funcionaba muy bien para las campañas, pero se volvía bastante más pequeño cuando había que plantarse frente a una potencia.

Ahí está la verdadera prueba para Kast, no en el discurso, no en la bandera, no en el patriotismo de palabras.

En la capacidad de decirle que no al poderoso cuando los intereses de Chile están primero.

Porque un país soberano no es el que grita más fuerte que es patriota.

Es el que, llegado el momento, toma sus propias decisiones, defiende lo que es suyo y no acepta ser el patio trasero de nadie.

Jorge Andaur V.
Jorge Andaur V.
Director y Productor de cine y TV. Master en Inteligencia Artificial (IA). Columnista de Desenfoque.cl
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