Stefan Kramer volvió a pisar la Quinta Vergara en su cuarta presentación, consolidándose como un fenómeno de audiencias pero dejando un sabor agridulce en la crítica. Con una rutina que alcanzó un peak histórico de 2,2 millones de espectadores —la cifra más alta desde que rige el nuevo sistema de medición—, el comediante apostó por un show marcado por la autorreferencia y la música. Según la crónica de The Clinic, el espectáculo fue definido como un paso «más personal y tibio que revisitó sus hitos más que reinventar su fórmula».
El peso de la vigencia y el humor negro Desde el primer minuto, el imitador enfrentó los cuestionamientos sobre su permanencia en la cima con una declaración de principios: “¿Cómo que ya fui?”. En un inicio arriesgado, ironizó con el fallecimiento de personajes públicos recientes, rematando con un punzante: “Retírate ya, se están muriendo los personajes”, antes de dar paso a las imitaciones de Sebastián y Miguel Piñera.
A diferencia de sus presentaciones anteriores, esta vez Kramer prescindió inicialmente del maquillaje y las prótesis, apoyándose en una banda en vivo de seis músicos, donde incluso participó su hijo en la guitarra. El show incluyó imágenes reales de su vida y un desfile veloz de voces que fue desde Shakira y Axl Rose hasta un irónico Ricardo Arjona, quien en su versión de «El Taxista» cantó sobre la realidad del transporte actual: “¿Qué es lo que hace un Uber cuando no es venezolano?”.
El regreso de la «filosa» veta política Pese a que gran parte de la rutina se sintió como una administración de su experiencia previa, el bloque final reconectó con la contingencia más dura. El comediante recordó su criticado paso por el festival en 2020, reconociendo el peso de las etiquetas: “Uno sufre las consecuencias. Hasta hoy me dicen octubrista”.
En este tramo, el artista desplegó su arsenal de imitaciones políticas, incluyendo a Patricia Maldonado y a los ocho candidatos presidenciales. Entre los momentos más celebrados estuvieron la imitación de Jeannette Jara, quien exclamó su ya clásico “Yo fui temporera”, y un ácido remate sobre su propia postura política: “Si me mando una cagada, yo mismo me voy a tirar molotov”. La aparición de la figura del presidente electo, José Antonio Kast, dividió al «Monstruo» entre pifias y aplausos, marcando uno de los puntos más altos de tensión de la noche.
Un éxito de audiencia con sabor a nostalgia Aunque se llevó la Gaviota de Plata y dominó la sintonía, el análisis de las fuentes sugiere que Kramer se refugió en terrenos conocidos, como las historias de pareja con su esposa Paloma, que para algunos sectores del público empezaron a sentirse como un «chite repetido». El cierre, más cercano al stand-up, fue un homenaje a su núcleo familiar, intentando esquivar con acordes de guitarra las críticas de quienes lo acusan de quedar obsoleto. Al final del día, el hombre de las mil caras demostró que, aunque prefiera no arriesgar, su nombre sigue siendo el imán más potente de la televisión chilena.


