La Plaza de Puente Alto fue el escenario de una jornada de alta fricción este lunes. El alcalde de la comuna, Matías Toledo, lideró personalmente un masivo operativo de «copamiento» destinado a erradicar el comercio ambulante que, hasta hoy, se apoderaba de unas siete cuadras del centro comunal. La intervención, sin embargo, no estuvo exenta de conflictos: la autoridad fue rodeada e interpelada por trabajadores que denuncian haber sido abandonados por la gestión que alguna vez apoyaron.
El respaldo de las urnas y la «limpieza» de los permisos La medida responde a una consulta ciudadana reciente, en la cual el «59%» de los votantes se inclinó por despejar la zona de ventas ilegales. Durante el procedimiento, Toledo justificó la urgencia de la limpieza administrativa tras detectar graves anomalías en los catastros de la administración anterior. Según consignó ADN Radio, el jefe comunal reveló que en la revisión de los registros «muchos de ellos no vivían en la comuna», otros «arrendaban los permisos precarios» e incluso detectaron que «otras eran personas que estaban muertas».
Toledo enfatizó la necesidad de regularizar una situación que se arrastra por décadas de forma irregular. «Los permisos que la ley determina dan una precariedad que puede durar, por ejemplo, un año, dos años. Pero acá hay permisos de 13 años, de 16 años», explicó el alcalde entre los gritos de quienes veían cómo sus puestos eran retirados.
El reclamo de las trabajadoras: «Usted nos fue a pedir el voto» La respuesta de los comerciantes no se hizo esperar. Un grupo de mujeres, visiblemente afectadas, marcó distancia con otros focos de comercio ilegal de la capital, asegurando que «en Meiggs sí que había tráfico, había delincuencia, se vendía droga, todo. Aquí no». En su defensa, recalcaron su perfil familiar y el cumplimiento de sus deberes: «Nosotros somos mujeres de hogares, tenemos familia, tenemos padres, tenemos hijos, pero siempre pagamos nuestros permisos».
El momento de mayor tensión se produjo cuando las manifestantes acusaron a Toledo de falta de diálogo y de romper promesas de campaña. «Desde diciembre estábamos detrás de él. Nos atendió una pura vez, y no nos decía nada más, no nos dio una respuesta, no hablaba», reclamó una de las locutoras afectadas. El emplazamiento final fue directo al corazón de la relación política: «¿Por qué nos mintió? Usted nos fue a pedir el voto», le recriminó una comerciante ante las cámaras.
Mientras el operativo de seguridad ciudadana continúa en el sector, el municipio busca equilibrar la recuperación de los espacios públicos demandada por los vecinos con la crisis social que genera el desplazamiento de cientos de familias que vivían de la plaza.


