El pasado sábado 10 de enero, se conmemoraron los 69 años del fallecimiento de nuestra brillante Premio Nobel de Literatura en 1945, Gabriela Mistral, ocurrido en el Hospital General de Hempstead, en Nueva York, a causa de problemas relacionados con diabetes, cardíacos y arterioesclerosis cerebral. Como casi no se le recordó, un amigo y colega, Eduardo Ítalo Mella, me llama desde Chile y me comenta: “¿Hemos olvidado a nuestra gran Gabriela?
La verdad es que en Chile somos muy olvidadizos, por decirlo con suavidad. Y me incluyo, por supuesto. Por eso estoy escribiendo esto, ya que me parece injusto que no recordemos a Gabriela Mistral, la primera mujer latinoamericana en obtener un Premio Nobel.
Considero injusto no recordar a la mujer que puso el nombre de Chile en lo más alto de la literatura internacional y que fue impulsora fundamental de la reforma de la Educación Rural e Indígena. Nació en Vicuña. Hija del profesor- poeta Juan Godoy Villanueva y de Petronila Alcayaga Rojas, amó la docencia desde la infancia. Comenzó como ayudante docente en la escuela de la Compañía Baja (La Serena.1904), y comenzó a escribir artículos en el diario El Coquimbo.
No pudo estudiar para profesora debido a que no tenía dinero para ello. Pero se fue formando en su labor cotidiana en La Cantera y en Los Cerrillos (camino a Ovalle), consiguiendo en 1910 que la Escuela Normal de Profesoras Nº1 (Santiago) le convalidaran sus conocimientos, otorgándole el título de Profesora de Estado. Precisamente por esta razón, sus colegas de la época desarrollaron en su contra una campaña de acoso, pese a que la Convalidación de Estudios era absolutamente legal.
Lucila de María Godoy Alcayaga, su nombre original, comenzó a ejercer como profesora de educación secundaria en el Liceo de Niñas de Traiguén. Allí conoció los problemas del reparto de tierras que padecía la comunidad Mapuche y escribió sobre eso. También desempeñó labores docentes en Antofagasta, Los Andes, Punta Arenas, Temuco y Santiago. En 1914, tras ganar el Primer Premio de los Juegos Florales de la FECH, con sus Sonetos de la Muerte, usó el nombre de Gabriela Mistral, como seudónimo, que la superó totalmente.
A través de sus colaboraciones de prensa, dio a conocer sus ideas referidas a la Educación Rural y Campesina, lo cual le valió que el Ministro de Educación de la época, José Vasconcelos, la recomendara para que el Gobierno de México la contratara, en 1922, con el fin de participar en la reforma mexicana del sistema educativo. Sus aportes fueron tan profundos, que se mantienen mayoritariamente en la actualidad.
En México vivió dos años de tantas experiencias que pulieron sus ideas relacionadas con la educación pública. Allí escribió un libro fundamental para la realidad chilena al respecto, Lecturas para Mujeres.
Cuando regresó a Chile, en 1925, fue nombrada delegada del Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones. Y continuó desarrollando su trabajo docente, alcanzando ser directora del Liceo 6 de Santiago.
Fue invitada a visitar nuevamente México, y también Estados Unidos, Francia y otros países europeos, alcanzando reconocimientos importantes. Le valió para que Chile la designara Cónsul en diversos países de América y Europa.
En diciembre de 1925, el Cónsul General de Chile en Suecia, Ambrosio Merino Carvallo, propuso al gobierno la candidatura de Gabriela Mistral al Premio Nobel de Literatura de 1926…galardón que recibió 19 años más tarde.
Además de poeta, fue una importante pensadora y luchadora por mejorar el papel de la educación pública, priorizándola como un derecho de la sociedad.
En fin, son muchos aspectos de la vida de Gabriela Mistral, difícilmente resumibles en un artículo breve, como éste. De todas maneras, estos datos nos obligan a ser verdaderamente justos con ella y recordarla en el total de la dimensión de su obra social.


