En el cincuenta aniversario de la muerte en prisión del General Alberto Bachelet

Por Raúl Vergara

Cumpliendo con una ya larga tradición, en este nuevo aniversario nos convoca un profundo compromiso con la memoria de un hombre especial, el General FACH Alberto Bachelet Martínez.

Sus camaradas acudimos a esta cita con recogimiento, respeto y admiración. Su figura simboliza los valores y sentimientos de los aviadores que fieles a su juramento y al honor militar, no dudaron en asumir –en un momento de prueba- el camino que sus conciencias les indicó, así ello pusiera en riesgo sus propias vidas.

Y el General pagó con la suya, hace ya 50 años, su consecuencia republicana y su lealtad con la Constitución y con el Gobierno que legítimamente se había comprometido con el progreso social.

Hoy lo recordamos como figura señera quienes compartimos con él ideales y vicisitudes. Admirado ya en los tiempos en que desempeñaba altos cargos en la Fuerza Aérea –Institución en la que ha dejado una huella imborrable- su prestigio se agigantó al asumir, en tiempos convulso, posiciones constitucionalistas. Su figura nos llenó de aliento y orgullo, sentimientos que nos acompañan hasta ahora.

En contraste con la figura inaccesible de General de la República, en la cárcel nos encontramos con un hombre llano, sencillo, jovial y generoso. Más allá de su jerarquía militar, su liderazgo surgió espontáneo de su sapiencia y compromiso. En prisión impulsó iniciativas movilizadoras: alentó a quienes desfallecían de dolor y desesperanza e impuso moderación cuando  nuestra legítima ira y rebeldía ponían en riesgo al colectivo. Él mismo, herido y mancillado, nos alentó a no caer en resentimientos ni odios, sino sostenernos orgullosos en los principios e ideales que inflamaban e inflaman nuestro espíritu.

Si bien su partida fue una pérdida irreparable para quienes fuimos sus camaradas, su rico legado, su ejemplo y consecuencia nos acompañan hasta ahora. Por eso esta fecha es un hito sagrado en nuestro caminar, máxime cuando el día de hoy marca el medio siglo que nos separa de su prematura partida.

Pienso, sin embargo, que estamos celebrando la vida y obra del General Bachelet con seis meses de retraso.

La trascendencia histórica de su figura, el significado de su gesta como General de la República en los acontecimientos de septiembre del 73 merecía ser honrada junto a quienes constituyeron símbolos para el cincuentenario del golpe militar. La suya fue una dolorosa ausencia en esos actos conmemorativos.

No olvidemos que mientras los que se alzaron contra el gobierno constitucional del Presidente Allende jugaban sobre seguro, amparados en el poder de las armas que el país les había confiado; el General Bachelet, apoyado solo en sus profundas convicciones, rechazaba las prebendas del poder usurpado que se le ofrecían y se mantenía fiel a su juramento y principios, asumiendo estoicamente los altos costos que ello le significaría.

Pongámonos por un instante en los escenarios de entonces. Ello nos permitirá comprender y destacar la dimensión del gesto del General Bachelet. ¡Cuán fácil hubiera sido para él alinearse con los “vencedores” de entonces, asumir sus razones y disfrutar en plenitud los beneficios de su alto rango! Primaron, sin embargo, sus valores republicanos, sus principios democráticos y sobre todo, su honor militar.

Pero el compromiso del General Bachelet con su Patria fue más allá. Cuando le fueron requeridos sus servicios para dirigir un sector altamente conflictivo de la economía del país, como era entonces el acceso a los bienes básicos y su distribución, no trepidó en poner a disposición del gobierno su experiencia, su prestigio y su ascendiente. No lo amilanaron los riesgos que ello implicaba no solo para su impecable carrera militar, sino también para su persona y para su familia, como lamentablemente se comprobaría más tarde. ¡Pero la Patria estaba primero!

Quienes le acompañamos entonces, somos testigos de su entrega a la difícil misión encomendada. Con profundo celo procuró resolver los agudos problemas que el desabastecimiento –usado entonces como arma política- causaba especialmente a los sectores populares y medios de la sociedad.

¡Y vaya cómo avanzó en su cometido! Como Director de la Secretaría Nacional de Distribución y Comercialización, sus especiales calificaciones técnicas y cualidades humanas le permitieron, con transparencia, imparcialidad y participación enfrentar exitosamente tan delicada misión, solo abortada por el golpe de estado.

En medio de la aguda conflictividad imperante, el General Bachelet acompaño al Gobierno del Presidente Allende en la tarea encomendada hasta el último día, hasta ese fatídico 11 de septiembre. ¡Por eso estimo que este homenaje de hoy tiene un retraso de seis meses!

Hoy expreso los sentimientos de todos los aviadores camaradas del General; de los que hemos podido venir y de quienes están involuntariamente ausentes. También de aquellos que han emprendido el vuelo y comparten –junto a Alberto- el Cielo de los justos.

Los aviadores que hemos compartido el proyecto liberador del Presidente Allende hemos generado una profunda identidad que nos une desde entonces. Como símbolo excelso de esta identidad se yergue la figura del General Bachelet.

Por esta razón, cada acto de homenaje al General Bachelet es también un acto de homenaje a sus camaradas que se le han unido en la Eternidad. Destacar sus nombres es reivindicar vidas y actitudes tan nobles y generosas como desconocidas e ignoradas.

General  Sergio Poblete, Coronel Pedro Guerrero, Coronel Rolando Miranda, Coronel Carlos Ominami, Comandante Ernesto Galaz, Comandante Alamiro Castillo, Capitán Carlos Carbacho, Capitán Eladio Cisternas; Suboficiales Gustavo Lastra, Belarmino Constanzo, Enrique Ibañez, Mario Arenas ,José Olivares, Carlos Trujillo, Iván Figueroa, Rafael Reyes, Waldemar Pacheco, Saturnino Goas, Manuel López, Arturo Toro y Héctor Rojas.

Para nosotros es también pertinente mencionar aquí, con el mismo cariño y deferencia, a quien fuera en vida la heredera y defensora del legado del General Bachelet: Ángela Jeria.

Como es natural, nuestras filas se van llenando de ausencias. Pero mientras sobreviva alguno de nosotros, concurriremos puntualmente a esta prioritaria cita para honrar la memoria del General Alberto Bachelet y de todos nuestros camaradas aviadores que le acompañan en el nido celeste de los cóndores heroicos.

¡Honor y Gloria a sus nombres!

 

Raúl Vergara Meneses

Museo de la Memoria, Marzo 12, 2024.