Momento histórico en España

Miguel Ángel San Martín. Periodista

Especial para Desenfoque

 

Una vez más, desde España lanzan una señal de lo que se puede hacer cuando la política transcurre por los caminos de una democracia real, amplia y generosa. Y cuando hay liderazgos fuertes, preparados y con audacia para avanzar por el camino del diálogo, de los acuerdos y de la esperanza de un mañana mejor.

Como ya todo el mundo lo sabe, el socialista Pedro Sánchez ha sido elegido ayer Presidente del Gobierno español, luego de haber obtenido 179 votos de los parlamentarios elegidos por los ciudadanos en julio pasado, lo que significa que sobrepasó los 176 que fija la mayoría absoluta. Fue elegido en primera votación, gracias al sólido frente que conforman los socialistas con los partidos a su izquierda, agrupados en la organización Sumar, contando además con el apoyo de los independentistas catalanes, vascos, gallegos y de Coalición Canaria, cuya única diputada llegó a acuerdos con Sánchez sobre temas de interés para las bellas islas hispanas situadas en el Atlántico, frente al norte africano.

De acuerdo con la Constitución, que reconoce una democracia bajo el sistema de Monarquía Parlamentaria, el Jefe del Estado, el Rey Felipe VI, encargó formar gobierno en primer lugar a Alberto Núñez Feijoo, líder del derechista Partido Popular, quién fue el más votado en el proceso electoral de mayo pasado. Sin embargo, Núñez Feijoo consiguió sólo 172 votos en el Parlamento, no alcanzando la necesaria mayoría absoluta de 176 votos.

Ante este fracaso, el Jefe del Estado siguió el proceso constitucional de hacerle el mismo encargo al segundo más votado, el socialista Pedro Sánchez, quien tuvo la habilidad de conseguir los apoyos –mediante pactos- de un conglomerado de partidos políticos, de tendencias que van desde el centro derecha hasta las más izquierdistas. El resultado de la primera votación fue suficiente, 179 votos contra 171. Pedro Sánchez, en consecuencia, gracias a este pacto muy amplio, pero de complicada formación, deberá ahora jurar la Constitución ante el Rey Felipe VI. Entonces comenzará una nueva legislatura de progreso para España.

Hay que reconocer que este proceso ha significado una división de la sociedad española, puesto que el derechista Partido Popular y el ultra derechista VOX, consideran ilegal algunos puntos del acuerdo de la izquierda. Y han usado un lenguaje fuerte y agresivo, llegando a hablar de “golpe de estado”, de “corrupción política” y hasta calificando a Pedro Sánchez de “traidor y de dictador”. Todo eso fue pura pirotecnia política. Nada de eso prosperó porque cada paso de los acuerdos se ha hecho dentro de la Constitución y la legalidad vigente.

Donde se complicó el pacto, fue con los independentistas catalanes del partido Junts per Catalunya, porque hay un proceso pendiente con algunos dirigentes que lograron salir de España y refugiarse en Bélgica, cuando se produjo el “Juicio del Procés”. Incluso su líder, Puigdemont, ha sorteado una petición de extradición, al haber sido elegido parlamentario europeo en elecciones democráticas.

Los independentistas accedieron a aportar sus siete votos en el Parlamento, bajo la condición de que se dictara una Ley Especial de Amnistía para los procesados. Pero, a la vez, no sólo aportan sus votos, sino que se abren a un diálogo abierto para llegar a los acuerdos suficientes que permitan solucionar definitivamente el conflicto catalán.

Reitero que toda esta situación ha provocado una polarización profunda en la sociedad española, impulsada especialmente por el ultra derechista partido VOX, que ha arrastrado al Partido Popular a pesar de ser éste el mayoritario en el panorama español.  Todo esto presagia una legislatura de cuatro años complicada y cargada de tensión.

Pero lo más importante y positivo de todo este proceso es que se ha abierto un amplio camino democrático para solucionar los problemas que enfrenta España no sólo con Cataluña, sino con todo su sistema de convivencia en el llamado Estado de las Autonomías.  Es decir, se inicia un proceso de modernización y cambio profundo en la división administrativa y política del país, en especial en la corrección de desigualdades y en la dotación de mayores competencias a los Gobiernos Regionales Autónomos.

Dicho en otras palabras: ha llegado la hora de inteligencia, del diálogo, de la búsqueda de los consensos en la gestión gubernamental. De la política que conducía a la alternancia en el poder de dos partidos mayoritarios, el socialista y el Popular, ahora se pasa al de los bloques, el de los pactos, el de la suma de programas para llegar a uno común, más coyuntural y basado en el intercambio de ideas tras el aporte de todos los protagonistas de este gran pacto. Aquí la generosidad y la visión de Estado serán fundamentales. Todos están dispuestos a sacar adelante esta experiencia nueva e ilusionante.

Es de esperar que la oposición de derecha se dé cuenta de la importancia de este momento histórico, que modere su actitud actual y que asuma también su importante papel de vigilancia y fiscalización.  Si esto funciona, España saldrá ganando.