El último adiós de Joseph Ratzinger, el Papa emérito

  • Benedicto XVI fue el primer Papa alemán en casi 500 años. Y fue el primero en renunciar voluntariamente al trono de San Pedro en siglos. Murió este 31 de diciembre, como Papa emérito, a los 95 años de edad. (De autoría de DW.com)


Fue el gran Papa teólogo. Siempre quiso defender la tradición y la doctrina de la Iglesia. Pero también fue quien rompió con una centenaria tradición, al abandonar su cargo de Pontífice en 2013, de forma voluntaria.

Los méritos teológicos de Benedicto XVI no evitaron que, con el tiempo, se lo viera con una mirada cada vez más crítica. Porque la tenebrosa historia los abusos sexuales de la Iglesia católica en Alemania también salpicó a Joseph Ratzinger, el arzobispo de Múnich (1977-1982) que posteriormente se convertiría en Papa. Un estudio minucioso reveló hechos que le valieron el reproche de inacción en cuatro casos de pedofilia.

Benedicto XVI fue el primer Papa alemán en casi 500 años. Y con su renuncia, el 28 de febrero de 2013, dio un paso histórico.

«Los señores cardenales me eligieron; un simple y humilde obrero en la viña de Senior». Con esas palabras se presentó el cardenal Ratzinger en la basílica de San Pedro el 19 de abril de 2005, y ganó muchas simpatías. Tras dos días de cónclave, había sido escogido como nuevo jefe de la Iglesia católica, como sucesor de Juan Pablo II.

Sacerdote, profesor, Papa

Benedicto XVI fue un Papa conservador, que de vez en cuando sorprendía a todos. Abogó siempre por el diálogo entre la fe y la razón. Su elección como sumo Pontífice fue el punto culminante de la vida de Joseph Ratzinger, que nació el 16 de abril de 1927 en la localidad de Marktl, en Baviera. A los 17 años, en 1944, fue enrolado en el ejército y luego, tras el término de la II Guerra Mundial, comenzó a estudiar teología, al igual que su hermano mayor, Georg. Ambos fueron consagrados sacerdotes.

A fines de la década de 1950, Ratzinger se convirtió en profesor de Teología y ganó prestigio rápidamente. En 1963 tomó parte en el Concilio Vaticano II, que abrió las puertas a una renovación de la Iglesia. Pero las protestas estudiantiles de 1968 provocaron en él un cambio. Y se volcó a la tradición. En 1977 se convirtió en arzobispo y, posteriormente, en cardenal.

El Papa Juan Pablo II lo mandó llamar al Vaticano, donde pasó a ser prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Allí mantuvo una línea estrictamente conservadora, en temas como el papel de la mujer en la Iglesia o el ecumenismo.

«Somos Papa»

La elección de Ratzinger como sucesor de Juan Pablo II causó júbilo y orgullo en Alemania. «Somos Papa», tituló en ese momento el popular diario Bild. Pero también desató temores, debido a su conservadurismo.

Durante su Pontificado intentó propiciar una comprensión vital de la religión. «Dios no es algo irracional, contrapuesto a la razón», decía, y abogaba por no reducir la religiosidad al ámbito de lo privado.

Para Benedicto XVI, la Iglesia católica era la única verdadera y no dio grandes pasos de acercamiento ecuménico.

La renuncia

En el Vaticano, corrían entretanto tiempos difíciles, con el Vatileaks y los escándalos del Banco Vaticano, intrigas y luchas internas de poder. El Papa parecía solitario y sin fuerzas para acometer una reforma de la Curia Romana. Probablemente eso haya motivado también su decisión de dejar el cargo.

La noticia sacudió a muchos católicos y sorprendió al mundo entero. Finalmente, la renuncia obedeció a la responsabilidad por el cargo y por su propia dignidad, en vista del deterioro de su salud. Fue un paso valeroso, pero algunos católicos se mostraron irritados. No entendían que el Papa oriundo de la tierra de la Reforma protestante, humanizara de este modo el cargo y que también lo hubiera reformado de esta manera.