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La IA ya supera a los humanos en estafas románticas

La IA ya supera a los humanos en la fase más peligrosa de las estafas románticas

Un nuevo estudio internacional encendió las alarmas sobre el futuro de las ciberestafas: la inteligencia artificial no solo iguala a un estafador humano en el fraude romántico, sino que puede superarlo, y precisamente en la fase más crítica de todas: construir confianza con la víctima.

Investigadores de universidades de India, Italia, Australia e Israel diseñaron un experimento centrado en el «pig butchering», una estafa que combina una relación romántica fingida con una falsa inversión en criptomonedas, y que roba miles de millones de dólares al año apoyándose en meses de conversación para ganar la confianza de la víctima. Enfrentaron a un chatbot de inteligencia artificial contra estafadores humanos reales. Durante una semana, 22 voluntarios que creían participar en un estudio sobre amistad en línea intercambiaron mensajes con dos interlocutores distintos: un experto en estafas románticas y un agente de inteligencia artificial.

Los resultados favorecieron con claridad a la máquina. Casi la mitad de los participantes, un 46%, accedió a descargar una aplicación cuando se lo pidió el chatbot, frente a solo un 18% cuando la misma solicitud vino del estafador humano. La confianza declarada hacia la inteligencia artificial fue notablemente más alta que hacia la persona real, y el 80% de todos los mensajes enviados durante la semana terminaron dirigidos al bot. Solo una de las 22 personas dedujo por sí misma que hablaba con un programa. La inteligencia artificial, instruida para no revelar su naturaleza, negó rotundamente ser artificial cuando se le preguntó de manera directa, e incluso inventó excusas convincentes para justificar sus propios errores de conversación.

Vale la pena decir algo con claridad antes de seguir, porque suele ser el primer juicio que aparece frente a estos casos: nadie cae en esto por ingenuo. Cae por cómo funciona el vínculo humano, y una tecnología diseñada para simularlo explota exactamente esos mecanismos.

El sistema de apego no evolucionó para detectar si la voz del otro lado es humana; evolucionó para responder a la consistencia, la disponibilidad y la atención sostenida. Un chatbot no se cansa, no tiene un mal día, no está distraído, y responde siempre con la cantidad exacta de interés que la conversación necesita en ese momento — una señal de seguridad más fuerte, para un sistema nervioso que busca conexión, que la que cualquier persona real, con sus inconsistencias normales, puede ofrecer de manera sostenida.

La soledad, además, no es un defecto de carácter: es un estado real y medible que orienta al organismo hacia cualquier fuente de atención disponible, del mismo modo que el hambre orienta hacia la comida. Cuanto más aislada está una persona, menos margen tiene su cuerpo para dudar de una atención que finalmente llega.

Uno de los autores del estudio, Gilad Gressel, describe el mecanismo con una imagen agrícola: se trata de construir confianza emocional para después cosecharla. Otro de los investigadores, Yisroel Mirsky, advierte que ya es posible crear, con relativamente poco esfuerzo, un agente capaz de superar a un ser humano en la generación de ese tipo de vínculo explotable.

El riesgo hacia adelante es concreto. Las organizaciones criminales podrían automatizar por completo la fase larga de seducción y construcción de confianza, hoy realizada en buena parte por víctimas de trata de personas en centros de estafa del sudeste asiático, dejando que un humano intervenga solo al final para lanzar el anzuelo de la inversión falsa.

Eso permitiría además esquivar los sistemas de detección de fraude de las empresas de inteligencia artificial, pensados para identificar la estafa explícita y no la etapa previa de construcción del vínculo. La fiscal especializada en estos delitos Erin West resume el problema señalando que hoy buena parte de estos fraudes es visible porque opera desde complejos físicos de gran tamaño; con esta tecnología, advierte, podrían operar desde un departamento de dos habitaciones.

Ninguna señal aislada de afecto constante es, por sí sola, prueba de nada. Pero hay patrones que conviene tomar en serio: alguien que nunca puede sostener una videollamada con una excusa que se repite, que evita encontrarse en persona, que introduce temas de inversión relativamente pronto en la relación, o que pide instalar una aplicación específica para comunicarse o para invertir juntos.

Verificar la identidad de la otra persona mediante una videollamada espontánea sigue siendo, hoy, una de las defensas más simples y más difíciles de falsificar en tiempo real. Y conversarlo con alguien de confianza antes de tomar cualquier decisión financiera dentro de una relación que comenzó en línea no es una falta de fe en el amor: es una manera de cuidarse mientras ese amor se confirma con el tiempo.

— A partir de un estudio internacional sobre estafas románticas asistidas por inteligencia artificial.

Humberto Del Pozo
Humberto Del Pozo
Psicoanalista relacional, cientista social y escritor. Facilitador y Director del Centro Bert Hellinger desde 1999.

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