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Impactos en Chile ante alzas de los precios del petróleo

Como se ha anunciado en el país, los impactos del alza del precio del petróleo sobre la economía y los hogares pueden ser muy significativos porque podrían reducir el Producto Interno Bruto (PIB) y aumentar la inflación. El alza de 1% de IPC en marzo recoge solo una parte de los impactos, porque, por ejemplo, esta semana ya se ha anunciado un alza adicional de las bencinas (la gasolina de 93 y 97 octanos subirá $36,5 por litro) y del diesel ($63 por litro).

Cuando las alzas de precios se originan en un solo bien (en este caso el petróleo) se suele suponer que ese aumento podría ser pasajero. El impasse que se prolonga en el estrecho de Ormuz, la destrucción de instalaciones en varios países del Oriente Medio y la incapacidad logística de ampliar a corto plazo la producción en otros países ha colocado los precios a futuro (diciembre de 2026) del Brent en promedio en 75 dólares por barril. Casi 25% por sobre el valor promedio previo al inicio de la guerra en Irán, es decir en enero 2026. Esta situación está lejos de revertirse prontamente porque los anuncios de M. Trump de estar a punto de resolver el conflicto han perdido sistemáticamente credibilidad.

En este contexto se asiste a un shock de larga Fuente: The Economist (11-4-2026) duración lo que permite evaluar los impactos con modelos macroeconómicos y simular tales impactos, con o sin uso del mecanismo MEPCO.

Los resultados son alarmantes, aunque, en general, las tendencias coinciden con lo que están calculando los especialistas públicos y privados ante el shock petrolero.

Aquí, se presentan dos alternativas (basadas en GAP Applied Macroeconomics Team). Una, con fines meramente comparativos, haciendo participar al MEPCO tal que los hogares absorben solamente un tercio del aumento real de precios del crudo. La segunda alternativa, de shock, la que ha sido decidida por el gobierno, que traspasa el total del alza a precios finales (cabe notar que los mecanismos de compensación que puedan implementarse no cambian los resultados generales).

i) Alternativa moderada. Esto es aplicar el MEPCO, tal que el aumento para los hogares sería solo de un 15% en el precio del petróleo.

En este caso, según nuestros modelos, durante el primer trimestre (abril-junio) se reduce el crecimiento del PIB en -0.13% y el del consumo en -0.11%, golpeando especialmente a los hogares sin ahorros. De su parte, simultáneamente, la inflación sube 0.23% en el período.

ii) alternativa de shock.
En cambio, el traspaso integro de un shock de +44,3% en el precio del Brent a los precios finales al consumidor genera efectos casi tres veces mayores: el PIB cae -0,38%; el consumo se reduce en -0,31% y la inflación sube +0,68%.

Estos valores no consideran otros efectos encadenados ni los efectos acumulados que podrían ser mayores hacia fines de año. En particular, en el caso de la inflación habría que considerar que el impacto global según analistas puede hasta duplicarse. Más aun cuando se está postergando un alza del precio de la electricidad que, como anunció la Superintendencia de Electricidad y Combustible, podría impactar entre 10% y 20% el precio en los hogares.

En este escenario, Chile no podrá escapar a las proyecciones a la baja del crecimiento de la economía que harán los organismos internacionales esta semana ni a la incertidumbre generalizada que ha creado el conflicto en el Oriente Medio y que hace que las estimaciones de los agentes se sitúen más bien en la parte menos optimista lo cual encadena efectos recesivos que impactará en los hogares de menores recursos. En este escenario se crea una reducción drástica en el Índice de Bienestar Económico de APROB (IBEA) que según proyecciones del modelo se reduce de 52 a 36 puntos.

En fin, tampoco hay soluciones de corto plazo en la transformación de la matriz eléctrica. Chile ha avanzado en participación de la energía solar y eólica; la generación eléctrica pasó de 1% a 31% en una década. En 2025, según el Ministerio de Transportes, operaban 3.544 buses eléctricos, equivalentes al 55% de la flota del transporte público capitalino. Pero esto no alcanzará a cambiar las necesidades de importación en el corto plazo.

Rafael Urriola U. es economista. área macroeconomía de APROB.

 

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