Desde Madrid
Nada mejor para comenzar un artículo que clarificar conceptos, para no confundirse. Más aún, en los tiempos que corren, donde las mentiras abundan y la manipulación es utilizada también como arma de guerra.
Dice la Real Academia de la Lengua que “sumisión es el acto de someterse, acatar o subordinar la propia voluntad, juicio o acciones, a la autoridad, control o dominio de otra persona o entidad. Implica obediencia, rendimiento y, a menudo, la renuncia a la propia autonomía”. Y dice también que “dignidad es el valor intrínseco, inalienable y superior de cada ser humano, merecedor de respeto incondicional por el simple hecho de ser persona. Implica comportarse con decoro, autonomía y responsabilidad, estableciendo límites ante maltratos o abusos”.
España vive momentos de gran tensión porque el Gobierno del Presidente Pedro Sánchez adoptó la decisión de no autorizar el uso de las bases norteamericanas existentes en las ciudades de Morón y Rota para participar en el bombardeo de Irán, junto a las fuerzas armadas de Israel. Argumenta que se trata de una acción ilegal y que viola el derecho internacional. Estos últimos conceptos están contenidos expresamente en los acuerdos suscritos por ambos países para establecer las citadas bases en territorio español.
Eso lo podemos calificar de dignidad.
El Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ante tal decisión española y cargado de rabia, amenazó de inmediato con cortar las relaciones comerciales con España. Y fue más allá, porque agregó que “podría usar las bases españolas si quisiera, porque nadie podría impedírmelo”.
A eso lo podemos calificar de intento de sumisión.
El miércoles recién pasado, o sea un día después de este intercambio de expresiones, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, compareció ante la prensa para asegurar que “España se ha mostrado en las últimas horas de acuerdo en cooperar con el ejército estadounidense”. Y agregó: “Ese cambio de idea llega tras las amenazas de Donald Trump de represalias económicas por la negativa de Madrid a dejar que Washington emplee las bases de Morón y Rota para atacar a Irán”.
De inmediato salieron los ministros españoles de Defensa, Margarita Robles, y de Relaciones Exteriores, José Manuel Albares, a desmentir tales afirmaciones. “La postura de España no ha cambiado en absoluto. Desmiento categóricamente lo señalado por la Vocera del Gobierno de Estados Unidos”, dijo con contundencia a la prensa, el Ministro Albares.
O sea, aquí podemos calificar de mentira lo señalado en la Casa Blanca. Y si a esto le agregamos la situación interna que se vive en Estados Unidos, donde no sólo hay desconcierto, sino creciente malestar porque el Gobierno de Donald Trump no solicitó autorización al Parlamento y todavía no termina de aclarar el por qué de la guerra contra Irán, además de la cercanía de las elecciones -en noviembre- de la mitad del período presidencial, entonces llegamos a la conclusión de que aquí hay una evidente manipulación.
En resumen: el presidente español Pedro Sánchez, ha actuado con dignidad defendiendo los intereses de los españoles. Dice “No a la guerra” y que, además, “no le teme a las represalias”. A su favor se muestra la gran mayoría del país. Y no sólo eso, sino que también la Unión Europea le apoya, puesto que existe un acuerdo suscrito hace casi un año por el Presidente Donald Trump y la Presidenta de la Unión, Úrsula von der Leyen, en cuanto a que las relaciones comerciales son con el conjunto de países que integran la Unión. Ahora, en un comunicado emitido por la Comisión de Comercio de Europa, se expresa “estamos preparados para actuar si fuera necesario para salvaguardar los intereses de la Unión Europea. Mantenemos plena solidaridad con todos los estados miembros y con todos sus ciudadanos”.
Como este artículo es leído mayoritariamente en Chile, creo oportuno y necesario señalar que aquí se incluyen conceptos muy importantes para que las nuevas autoridades de Gobierno, que asumen en unos días, los tengan presentes en su gestión, especialmente en las relaciones internacionales.


