Circula en redes sociales la tesis de que Benjamín Netanyahu chantajea a Donald Trump con imágenes que se acostaba con niños, en una de las más escandalosas versiones que, a juzgar por los hechos, no estarían muy lejos de la verdad.
Los archivos del pederasta Jeffrey Epstein nombran al presidente de Estados Unidos miles de veces. Es el más nombrado en una lista de cientos de políticos, magnates, empresarios y artistas, entre los grupos más reconocidos en unos 3 millones de archivos que maneja el FBI.
En esos registros hay videos, fotografías, audios que el Departamento de Justica norteamericano censursó sobre los autores de los delitos, pero dejó a cientos de víctimas expuestas. En parte de esos registros, los menos comprometedores, se ve a Donald Trump compartiendo con Epstein y con su mujer, Ghislaine Maxwell, quien está en la cárcel cumpliendo una condena de 20 años por abusos y violación de menores.
Hoy se puso en duda que Epstein se haya suicidado, incluso que este muerto, y que Maxwell sea la misma que a comienzos de febrero declaró por video conferencia que no entregaría testimonio al Congreso de los Estados Unidos. Una persona que coincide con la fisonomía de Epstein ha sido fotografiada en Israel junto a dos escoltas, y las imágenes que lo retratan muerto por suicidio no coinciden con el cuerpo exhibido: básicamente, porque no tenía un tatuaje en la parte alta de su brazo izquierdo que él poseía.
Si Epstein está en Israel, entonces se comprobaría que era un agente de los servicios de espionaje israelitas y, desde luego, su intimidad con Trump tendrían al presidente de la primera potencia mundial amenazado.
Donald Trump afirmó hace unos días que su vida corre peligro y no fue una declaración cualquiera. No es el peligro que corre cualquier presidente de una nación, el tono que usó fue más bien reflexivo, algo que no está acostumbrado a revelar. Sus gestos y su mirada con los ojos girados hacia arriba y a la izquierda, de acuerdo a la comunicación no verbal, dice la verdad, habla de la presión a la que está sometido.
Este sábado, junto a Israel atacó Irán, sin pedir permiso al Congreso. Trump está quemando los últimos cartuchos. Las elecciones de noviembre, que teme perder, también le hicieron emitir una declaración: «Me van a echar», dijo refiriéndose al juicio político que los Demócratas le abrirán si ganan el Congreso a fin de año. Tal vez sea su mejor opción. Entregar el poder, intentar evitar la cárcel y refugiarse en Mar-a-Lago, en Florida, tal como hizo Richard Nixon el año 1974 en Santa Bárbara, California. Hasta eso sería más digno que tener que acercarle la silla a Benjamín Netanyahu.


