A medida que se va desarrollando el debate interno que se vive en Chile con respecto a la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de las Naciones Unidas, poco a poco la gente comienza a alzar la vista para ver con ojos incrédulos hacia dónde camina la Democracia en el mundo. Son ojos de todos los colores de gente que habla distintos lenguajes, pero que tienen en su mirada una gran esperanza en que se supere el actual momento en que el mundo civilizado está sufriendo situaciones intolerables, y se pueda parar la vorágine de aberraciones que manejan unos pocos.
Los desaguisados que se viven en distintos lugares de la geografía universal, son manejados por personas que han alcanzado gran poder aprovechándose del sistema democrático que nos hemos dado por siglos. Ahora, esos mismos tratan de hacerlo desaparecer para utilizar la fuerza y la barbarie y así satisfacer sus intereses personales o de grupos poderosos.
En este momento de alarmantes conflictos, donde la vida humana vale menos que un grano de arroz, todos miramos el papel de las organizaciones internacionales que han nacido, justamente, para evitar nuevas conflagraciones que sólo causan retrocesos en el desarrollo humano. Estoy pensando en las Naciones Unidas, nacida tras la segunda guerra mundial y por especial impulso de los Estados Unidos.
El coloso del norte, lanzó por dos veces la bomba atómica, haciendo desaparecer en segundos dos ciudades completas, con sus decenas de miles de habitantes, dejando un rastro radioactivo que causó daños en seres humanos, que aún perduran, les provocó a ellos mismos un sentimiento de culpa tan potente que les empujó a promover con urgencia la conformación de un organismo internacional que cautelara la paz en el mundo.
Hoy, gente de esa misma nacionalidad quiere destruir a dicho organismo. Ya no les sirve. Ahora les provoca molestias porque pretenden cambiar el orden mundial para desarrollar su política regresiva de que “el más fuerte, manda”.
¿Se imaginan si prospera la candidatura de la chilena Bachelet? Para Chile sería un orgullo tener a una mujer de nuestra nacionalidad al frente de un organismo tan poderoso. Pero, aquellos que están provocando los actos violentos para apoderarse de territorios y de mayor riqueza natural, los que están rompiendo desde dentro la Democracia y que agrandan sus bolsillos a costa de la supervivencia humana, hacen maniobras para que la ONU no sea un organismo independiente, dirigido por personas con sentido común humanitario. Estamos convencidos de que intentan hacer desaparecer dicha institución multi nacional, porque consideran que en la inestabilidad mundial está su poder más absoluto.
Lo peor es que han contaminado a sectores de la sociedad internacional convenciéndolas con mentiras, distorsionando la ralidad, de que eso es lo mejor para el mundo. Como ejemplo representativo de la situación global, eso mismo es lo que se vive en estos momentos en Chile.
El progreso del mundo ha ido desarrollándose, justamente, gracias al sentido común de las sociedades, a la evolución del conocimiento de la conducta humana, a la potenciación de la tolerancia que favorece el entendimiento entre las naciones. Sin embargo, vivimos momentos de incertidumbre producto del surgimiento de liderazgos falsos, sin formación y obnubilados por el poder y la riqueza.
Tenemos esperanzas de que Europa despierte y enfrente con sus razones cultivadas durante siglos, a las aberraciones del presente. Europa, el gigante dormido, debe sacudirse de su letargo y debe aplicar con argumentos sólidos las armas del diálogo. Debe llenarse de las razones que ha alcanzado gracias a su nivel de cultura, de ciencia, de humanismo…
La Humanidad necesita recuperar el camino que el ser humano se ha trazado, y debe asociarse con el conocimiento milenario de oriente, empaparse de la sabiduría alcanzada en tiempos remotos por los grandes pensadores, y adaptarse a la modernidad para combatir los malos modos, las ideas excluyentes y el abuso permanente por el uso de la fuerza como argumento.
Del diálogo inteligente deben salir los acuerdos que calmen tanta locura.


