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    Fragilidad de la vida

    Desde Madrid

    A propósito de la tragedia que se vive en Chile con los incendios forestales de este año, leo en las redes un comentario que afirma que la vida es frágil. Sin duda que lo es, dependiendo de cómo veamos o cómo interpretemos la realidad en que nos desenvolvemos. Personalmente, creo que la vida no es frágil, sino que la hacemos frágil por nuestros hábitos y costumbres que nos llevan a acostumbrarnos a una forma de vida cómoda, sin grandes esfuerzos y apoyados en el falso confort que nos presentan, con intereses diferentes a los que debemos priorizar como sociedad.

    Somos seres que razonamos, pero que estamos desarrollando no más del 15% de nuestras capacidades inteligentes. Lo dicen los científicos y lo creo. Recuerdo con mucha claridad una frase muy contundente que me dijo mi fallecido suegro, un sencillo pero sabio hombre del campo español: “Los problemas de los veranos debemos solucionarlos en el invierno. Y viceversa”.

    Es sabido que lo que ocurre en cada estación en el hemisferio norte, se replica cuando corresponda en el hemisferio sur. Por ejemplo, en el último verano español, en julio y agosto del 2025, nos azotó un calor tórrido en forma alarmante, provocando incendios de tal magnitud y tan devastadores, que se consideró como “el peor vivido en la Historia de España”. Las autoridades hispanas han ido aprendiendo la lección y comienzan a utilizar lo que es la prevención, dotando a cada región de moderno equipamiento aéreo y terrestre. Además, estableciendo que las Brigadas Forestales, que se creaban solamente en los meses de riesgo, se mantengan en actividad todo el año. En invierno, entonces, se encargan de abrir grandes cortafuegos, vigilan los pastizales, limpian o exigen limpiar arboledas y bosques, revisan los tendidos eléctricos para que no estén cerca de los árboles, y elaboran cartolas o folletos para concienciar a la población y orientar a las autoridades locales.

    Si razonamos sobre todo esto, era de prever, entonces, que esta situación se iba a repetir en el verano del hemisferio sur. Y así ha sido.

    Chile esta viviendo una ola gigantesca de incendios forestales que ha sobrepasado la capacidad del país para combatirlos. Especialmente en el centro sur, las regiones más agrícolas del país, con mayor vegetación y con índices importantes de calor en los veranos. Ñuble y Bio Bío son las regiones con mayores daños, como nunca antes se había visto. La cifra de fallecidos ya asciende a 21 muertos y se han consumido casi 40 mil hectáreas de pastizales, bosques y sembrados.

    En Bio Bío, a unos 600 kilómetros al sur de Santiago, la capital chilena, los daños son mayúsculos y al menos tres localidades costeras han sido destruidas por el fuego. En la ciudad portuaria de Penco (20 mil habitantes) los incendios causaron -hasta el momento de escribir esta nota-, casi el 80% de las casas arrasadas. Su vecino puerto, Lirquén, con también unos 20 mil habitantes, prácticamente desapareció bajo las llamas. A su lado está Punta de Parra, un centro turístico muy visitado en los veranos para disfrutar sus vacaciones, junto a playas de arena amarilla y aguas cristalinas del Pacífico. Las llamas también lo han arrasado. En Bio Bío se contabilizan ya 19 muertos.

    En la Región de Ñuble, ubicada al norte de Bio Bío, y a 400 kilómetros de Santiago, los incendios forestales han sobrepasado con creces a los servicios de extinción. Al menos dos personas han fallecido y hay un centenar y medio de viviendas de campesinos totalmente destruidas y se estima en unas diez mil las hectáreas afectadas.

    La capital de la Región de Ñuble, Chillán, ha debido enfrentar cada siglo el drama de algún terremoto. El peor fue el de 1939, que destruyó casi la totalidad de la ciudad, falleciendo la mitad de su población. Hoy, con 200 mil habitantes, es una ciudad pujante que ha crecido aplicando la prevención, comenzando con normas muy estrictas de construcción, para que las casas resistan al máximo la severidad sísmica.

    Ahora, y ante la violencia de los incendios, el Gobierno ha decretado el Estado de Catástrofe para esas dos regiones y está multiplicando los recursos para enfrentar con mayor rotundidad esta inmensa tragedia.

    Esta dramática experiencia nos obliga a recuperar la iniciativa inteligente del ser humano, para prepararse de tal manera que se pueda aplicar con mayor efectividad la prevención. Es una forma de rebajar los efectos de los incendios forestales, de hacer menor la tragedia.

    Esta es la nueva realidad que debemos vivir, porque nos encontramos enfrentados a un cambio climático muy serio, del cual somos nosotros mismos los responsables.

     

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