Por Fernando Orellana, ingeniero en transportes
Hay verdades que incomodan, pero no queda otra que recordarlas. No es un misterio que, frente a los diferentes episodios electorales, las fuerzas denominadas de centro, tienden a ser cooptadas por los bloques más densos en términos de simpatías o militancia. Sin embargo, como ese solo impulso no basta, también en los bordes de esas tendencias (para ser más precisos en la izquierda como en la derecha), generan tensiones para apoyos más decididos, siempre por cierto a cambio de granjerías y opciones para su fortalecimiento institucional. Por ello lo que queda de centro, luego de las negociaciones es un remedo diluido que no sirve, hasta recordarlas en el próximo proceso eleccionario.
En los últimos cuatro episodios en que se ha elegido presidente, dos personajes han generado atención por la posibilidad de demostrar que no solo existen dos grandes bloques, sino que existe un universo no visible que también desea ser partícipe del devenir político y social del país.
El año 2009, pasan a segunda vuelta Sebastián Piñera y Eduardo Frei, pero muy cerca de ellos consigue un 20,14 % de los votos Marco Enríquez – Ominami. Los dos bloques en disputa observan atónitos sobre lo que podría suceder con la actitud del tercer actor de ese proceso. Pasan días y semanas de silencio y cuando este se rompe, más que un llamado a votar por Frei, ME-O lo insulta con su desprecio y se diluye su supuesto apoyo. Esta actitud, repercutirá sucesivamente en el currículo de ME-O, en las sucesivas elecciones del año 2013, donde alcanza solo el 10.99% de los sufragios, y un 5,71% el año 2017. Finalmente, durante este año alcanza solo un 1,20% de los votos.
Por su parte, Parisi alcanza el año 2013 un 10% de la votación, 12,8% el año 2017 y un expectante 19,69% de los votos en la pasada elección. Tal y como sucedió con ME-O el año 2009, las fuerzas en disputa esperaron con ansias las opciones para saber dónde se irían esos votos. Luego de un proceso interno, los adherentes determinaron que la inmensa mayoría optaba por anular su voto. En este tránsito, claramente Parisi ha depositado su liderazgo sobre nubes y nada concreto. Cuando se cuenten los votos la noche del domingo 14 de diciembre se podrá ver la capacidad del PDG para influir en cerca del 20% en votos nulos, por cierto, más allá de quienes no son de ese conglomerado, es decir el 20% es solo la base.
Los dos bloques permanecerán unidos disputando el derecho a gobernar, en tanto no aparezca un nuevo Parisi o ME-O, que asuman con decisión sumarse a uno de los bloques, para cambiar de raíz la forma de administrar el Estado.


