Por Fernanda Villegas, militante socialista y ex ministra de la Presidenta Bachelet
He dedicado mi vida al trabajo por la justicia social y la dignidad de las personas. Desde muy joven, en los cerros de Valparaíso y en tiempos de dictadura, aprendí que la política solo tiene sentido cuando se pone al servicio de quienes más lo necesitan.
Hoy quiero ser candidata porque creo que la política debe recuperar su sentido más profundo: ser una herramienta al servicio de las personas y no un espectáculo vacío. El hemiciclo de la Cámara no es un circo, sino un espacio de debate de ideas, de construcción democrática y de respeto institucional. Quienes tenemos el honor de representar a la ciudadanía debemos honrar el pacto que establecimos con ella, actuar con seriedad, responsabilidad y transparencia, y prestigiar el rol que la sociedad nos confía.

Aspirar a un escaño en el Congreso no es un fin en sí mismo, sino un compromiso con el país y con mis vecinos de Santiago, Providencia, Ñuñoa, La Granja, San Joaquín y Macul. Ejerceré este rol con respeto, cercanía y rigor, defendiendo los derechos sociales conquistados y abriendo nuevos caminos, como una ley de inteligencia artificial que establezca límites éticos y garantice que la tecnología esté al servicio del desarrollo humano.
En el servicio público he tenido la oportunidad de transformar convicciones en políticas concretas. Impulsé la autonomía económica de las mujeres desde el Sernam, mejoré la gestión social en el FOSIS y, como jefa de gabinete en Mideplan, coordiné programas de inclusión que acercaron el Estado a la gente. Luego, como ministra de Desarrollo Social del gobierno de Michelle Bachelet, consolidé el Aporte Permanente de Marzo, fortalecí Chile Crece Contigo e incorporé la medición multidimensional de la pobreza, construyendo un verdadero sistema de protección social.
Estoy profundamente ligada al mundo del trabajo desde el movimiento sindical y hoy soy directora del Centro de Estudios del Trabajo (CETRA) para la formación, la organización y la negociación de los trabajadores. He visto de cerca sus dificultades y también su enorme fuerza colectiva, una fuerza que persigue un solo norte: empleos bien pagados, que permitan equilibrar el tiempo de ocio y familia, y que den propósito a la vida de los chilenos y las chilenas.
Quiero ser candidata porque sigo creyendo, como socialista, que Chile puede y debe ser un país más justo, más solidario y más digno para todas y todos.


