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Sobrepeso, adicción y depresión

Hay tres presentaciones clínicas que el trabajo con Constelaciones encuentra vinculadas con una frecuencia que ya no puede ignorarse: el sobrepeso que no responde del todo a ningún tratamiento, la adicción que regresa después de cada recuperación, y la depresión que no tiene causa aparente suficiente.

Tres formas distintas de buscar algo ven el lugar donde no puede estar.

Bert Hellinger lo formuló con la precisión que lo caracterizaba: «El que rechaza a sus padres se rechaza a sí mismo. Y en consecuencia, se siente poco realizado, ciego y vacío».

No como juicio moral. Como descripción de una mecánica sistémica: el padre y la madre son los canales a través de los cuales llega la vida.

No solo biológicamente. Como campos de información, de fuerza, de dirección.

Cuando esos canales están cerrados —por herida, por rechazo, por un tejido que no pudo facilitar el paso— algo en el sistema busca otra fuente. Y lo que encuentra nunca termina de calmar lo que busca.

Dentro de ti conviven tres personajes.

Está tu parte sana: ese núcleo lúcido que puede observar y sabe lo que necesitas, aunque no siempre sepas cómo acceder.

Está tu parte traumatizada: el niño o niña que se quedó esperando en la escena de la herida original, congelado en los mismos miedos, aguardando una respuesta que jamás llegó.

Y están tus estrategias de supervivencia: ingeniosos mecanismos que tu sistema nervioso construyó para sobrevivir cuando el entorno falló. Como llenar con comida lo que no pudo ser llenado con campo materno. Como buscar en la sustancia, la pantalla o la relación tóxica la regulación que el sistema nervioso necesita y que el tejido de origen no pudo proveer suficientemente. Como retirarse de la vida —la depresión como cierre— cuando el movimiento hacia los padres fue demasiado doloroso para seguir intentándolo.

Alarmas activas sin saber que la guerra ya terminó

Apapachar es la palabra que nombra el acto de acompañar sin prisa, sin querer resolver ni explicar. Solo estar con una presencia que puede quedarse con el dolor sin reprocharle.

Lo que el padre transmite cuando puede ser tomado

El tejido que el padre aporta al campo del hijo o la hija no es solo su presencia física.Es un conjunto de recursos que el trabajo con Constelaciones muestra que se transmiten cuando ese vínculo puede ser recibido:

La dirección — el movimiento hacia afuera, hacia el mundo, hacia los proyectos que se completan en lugar de abortar a mitad.

La firmeza — la capacidad de poner límites que no requieren disculpa ni explicación.

El permiso para prosperar — que los logros puedan ser propios en lugar de una traición a quien no pudo lograrlos.

Cuando el padre no pudo ser tomado —por ausencia, por rechazo, por un tejido materno que no facilitó ese paso— el sistema busca esas funciones en otro lado.

El trabajo que suple infinitas horas sin que el cansancio disminuya el vacío.

La relación de pareja que necesita dar lo que solo un padre puede dar y que colapsa bajo ese peso.

La adicción que produce la sensación de dirección y fuerza durante el tiempo que dura el efecto.

Ninguno de esos sustitutos puede calmar lo que busca. Porque lo que busca está en un campo específico que ningún otro campo puede reemplazar.

Lo que la madre transmite cuando puede ser tomada

El tejido que la madre aporta es diferente y también tiene consecuencias específicas cuando no puede ser recibido.

La madre es el primer campo. El primer espejo donde el sistema nervioso del bebé aprende si existe, si puede necesitar, si el campo responde.

Cuando ese campo no pudo ser recibido suficientemente —porque la madre tenía su propio tejido no resuelto, porque el vínculo fue interrumpido, porque algo en la relación produjo más alarma que suelo— el sistema nervioso del hijo o la hija puede quedar en un estado de búsqueda crónica de lo que ese primer campo no pudo dar:

La seguridad de que existe.

La certeza de que puede necesitar sin que el campo colapse.

El suelo desde el que el sistema nervioso puede bajar la guardia.

Esa búsqueda también se puede llenar con comida, con sustancias, con el trabajo sin límite, con relaciones donde uno se encarga de que el campo esté bien para no arriesgarse a que el campo no responda.

El trabajo con Constelaciones muestra frecuentemente que las personas que tienen dificultad para tomar a uno o ambos padres presentan una tendencia a la depresión, a la adicción o a una sensación crónica de no poder avanzar.

No porque sea destino.Porque el campo desde el que operan tiene ese costo activo.

El movimiento hacia los padres

Hellinger observó que hay personas que no pueden tomar a sus padres. No por falta de información sobre por qué deberían. Porque el dolor del vínculo fue demasiado intenso para que el sistema nervioso se acerque de nuevo sin que la alarma se dispare.

El trabajo del encuentro compasivo —el segundo foco del método TriFocal— no pide que el hijo o la hija apruebe lo que el padre o la madre hicieron. No pide que el daño sea minimizado. No pide que la herida sea perdonada antes de ser sentida.

Pide algo más específico y más difícil: el contacto con el padre o la madre reales —con todo lo que fueron, con todo lo que no pudieron ser— desde el que el sistema nervioso pueda recibir lo que ese campo sí tenía para dar, aunque su expresión fuera inepta o dañina.

Porque el padre que causó daño también transmitió algo. Y la madre que no pudo estar también dio algo. Y cuando ese algo puede ser recibido —cuando el canal puede abrirse lo suficiente— lo que el sistema buscaba en otro lado puede finalmente encontrar su fuente. No mágicamente. No inmediatamente.

Con el trabajo del suelo fisiológico primero, que construye el campo donde ese encuentro pueda ocurrir.

Y desde ese encuentro, gradualmente, la copa vacía empieza a llenarse desde la fuente correcta.

Y lo que se llenaba con lo equivocado pierde poco a poco su urgencia.

Humberto Del Pozo López

Psicoanalista Relacional · Constelador Sistémico

Método de Resonancia Límbica TriFOCAL

 

Humberto Del Pozo
Humberto Del Pozo
Psicoanalista relacional, cientista social y escritor. Facilitador y Director del Centro Bert Hellinger desde 1999.

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