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Kast inicia su era con control total: el vuelco que dejó a Pamela Jiles sin presidencia de la Cámara

 

En un giro dramático que redefine el equilibrio de poder justo cuando José Antonio Kast asume la presidencia, la derecha logró un triunfo estratégico inesperado al capturar la testera de la Cámara de Diputados. Lo que parecía un pacto blindado entre el oficialismo saliente, la Democracia Cristiana (DC) y el Partido de la Gente (PDG) para instalar a Pamela Jiles como presidenta, se desmoronó en la Sala, dejando en evidencia las profundas grietas de la nueva oposición.

La derrota del pacto y el factor de la «traición» A pesar de que las negociaciones previas daban por sentada la victoria de Jiles, la votación final otorgó 78 votos a Jorge Alessandri (UDI), superando los 75 obtenidos por la diputada del PDG. El desplome de la candidatura de Jiles no fue casual: se debió a los «descuelgues» clave de los diputados Jaime Mulet (FRVS) y Felipe Camaño (Ind-DC), quienes optaron por respaldar la carta de la derecha.

El movimiento resultó ser una jugada maestra de Chile Vamos, que no solo consiguió la presidencia, sino que integró al propio Camaño en la primera vicepresidencia, junto a Ximena Ossandón (RN) en la segunda.

Caos interno y acusaciones de «pirquineo» El resultado desató un incendio político inmediato en las filas de la ahora oposición. Franco Parisi, líder del PDG, calificó la situación como una muestra de un «pirquineo de votos» que daña la democracia, denunciando incluso rumores de compensaciones con cargos públicos para familiares de los involucrados.

Por su parte, la Democracia Cristiana vive su propia crisis. El jefe de la bancada, Héctor Barría, tildó de «lamentable» el actuar individual de Camaño, señalando que el diputado prefirió un «privilegio personal» antes que honrar el acuerdo colectivo de su sector.

Un nuevo ciclo político sin «estridencias» En su primer discurso como presidente de la corporación, Alessandri leyó el resultado como la señal de un «nuevo ciclo político» basado en la libertad y la seguridad. Con un tono conciliador pero firme, hizo un llamado a buscar puntos de encuentro desde el Partido Nacional Libertario hasta el Partido Comunista, instando a legislar «sin estridencias y sin gritos».

Este vuelco legislativo entrega a la administración de Kast un respiro fundamental en el Congreso, logrando lo que parecía imposible apenas 24 horas antes: un contrapeso institucional liderado por la centroderecha en el corazón del debate legislativo.

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