A solo horas de que se produzca el cambio de mando, el tablero político chileno ha sufrido un movimiento telúrico que redefine el escenario para el gobierno entrante de José Antonio Kast. En una alianza que muchos tildan de «pragmática» y otros de «desesperada», las fuerzas del actual oficialismo, junto a la Democracia Cristiana (DC) y el Partido de la Gente (PDG), sellaron un acuerdo de gobernabilidad para controlar la Cámara de Diputadas y Diputados durante los próximos cuatro años.
La paradoja del poder: de enemiga a aliada estratégica La gran protagonista de este pacto es Pamela Jiles (PDG), quien asumirá la presidencia de la corporación este 2026. Lo llamativo no es solo su ascenso, sino quiénes le pavimentaron el camino: el Partido Comunista (PC) y el Frente Amplio (FA), sectores a los que Jiles ha fustigado sin descanso durante todo el mandato de Gabriel Boric.
Este acuerdo no es un cheque en blanco, sino un blindaje estratégico. Al asegurar 79 votos —la mayoría absoluta necesaria—, el bloque que pasará a ser oposición al gobierno de Kast logra arrebatarle el control del primer año legislativo a la derecha. Para lograrlo, la disciplina fue total: incluso se solicitó la asistencia de parlamentarias con delicados estados de salud para asegurar el triunfo sobre las cartas de la derecha, como Jorge Alessandri (UDI).
El costo de la «paz» legislativa Sin embargo, el pacto ha levantado polvareda interna. Figuras de peso como la exministra Carolina Tohá calificaron de «insólito» el acuerdo, recordando que Jiles ha basado su carrera reciente en denostar a la centro-izquierda y al propio Boric. Las críticas apuntan a la falta de «reglas de respeto», considerando que la diputada ha liderado ofensivas personales, desde cuestionar la salud mental del mandatario hasta celebrar el fracaso de reformas clave como la tributaria.
La hoja de ruta del Congreso 2026-2030 El diseño del acuerdo contempla una rotación que busca dar estabilidad a esta «nueva mayoría»:
- 2026: Presidencia para Pamela Jiles (PDG).
- 2027: Presidencia para la Democracia Cristiana.
- 2028: Presidencia para el Partido Socialista.
- 2029: El mando regresa al PDG.
Además, el bloque se aseguró el control de comisiones críticas como Constitución y Seguridad, piezas fundamentales para cualquier reforma que intente impulsar el Ejecutivo desde marzo.
¿Por qué importa este movimiento? Más allá de los nombres, este pacto envía una señal clara a La Moneda: el gobierno de Kast no tendrá una luna de miel legislativa. Al entregarle la testera a una figura tan impredecible como Jiles, el oficialismo saliente instala un contrapeso de alto impacto que obligará al nuevo Presidente a negociar cada centímetro de su agenda en un Congreso que, desde antes de nacer, ya le es adverso.


