El Poder Judicial chileno enfrenta un terremoto institucional sin precedentes. Durante la inauguración del año judicial 2026, la presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, realizó una cruda autocrítica al reconocer una crisis de probidad y transparencia que ha golpeado el corazón del sistema de justicia. La magistrada no esquivó la gravedad de los escándalos recientes, calificándolos como hechos de una “gravedad sin precedentes”.
La crisis ha tenido consecuencias drásticas en la composición del máximo tribunal. En un periodo de solo tres años, tres ministros fueron removidos de sus cargos por vínculos con casos de alta connotación, como el de Luis Hermosilla y la denominada «trama bielorrusa»: Ángela Vivanco y Sergio Muñoz en 2024, y Diego Simpertigue en 2025. Según detalló la fuente original, BioBioChile, Chevesich manifestó que esta situación “nos avergüenza, nos genera conmoción y dolor”, enfatizando el daño provocado a la confianza de la ciudadanía.
A pesar de las medidas tomadas, la presidenta del máximo tribunal advirtió que la institución aún no sale de la zona crítica, asegurando que “el impacto aún se encuentra en desarrollo”. Sin embargo, defendió la reacción de la entidad, señalando que los mecanismos internos han operado para apartar de sus funciones a aquellos que “han traicionado los principios básicos de la probidad”.
Como respuesta a este escenario, se han impulsado reformas urgentes, entre las que destaca el primer Código de Ética Judicial y el plan “Justicia Abierta”, orientados a mejorar la fiscalización y la transparencia administrativa. La advertencia de Chevesich para quienes integran o aspiran a ingresar al servicio público fue tajante: “Quien no comprenda esto o no esté dispuesto a asimilarlo debe saber que no tiene, ni puede llegar a tener, un espacio en la judicatura”.


