Durante una ronda de rutina, un funcionario de Gendarmería notó manchas de sangre en la habitación que compartían Felipe Sepúlveda Ramos (26) y Manuel Fuentes Martínez (21). Al intentar que los internos reaccionaran, solo Fuentes se reincorporó. Sepúlveda, en tanto, yacía en el piso tapado hasta el cuello, sin signos vitales
Un crimen de una violencia inusitada sacudió este domingo a la Región de Coquimbo, dejando al descubierto no solo un brutal homicidio, sino también graves falencias administrativas al interior del sistema penitenciario. El hallazgo se produjo a las 9:00 horas en la celda N°20 del módulo N°91 del recinto penal de La Serena, donde un gendarme se encontró con una escena que ha conmocionado al país.
El hallazgo en la celda 20 Durante una ronda de rutina, un funcionario de Gendarmería notó manchas de sangre en la habitación que compartían Felipe Sepúlveda Ramos (26) y Manuel Fuentes Martínez (21). Al intentar que los internos reaccionaran, solo Fuentes se reincorporó. Sepúlveda, en tanto, yacía en el piso tapado hasta el cuello, sin signos vitales y con lesiones evidentes en su rostro y zona cervical.
Según los antecedentes recogidos por la prensa regional, el ataque se habría perpetrado con un arma cortopunzante en el cuello. Sin embargo, la gravedad del hecho escaló cuando la Fiscalía detectó que, tras herirlo, el agresor habría cometido actos de canibalismo, ensañándose con la zona del ojo, oreja y cara de la víctima. Tras ser descubierto, Fuentes confesó la autoría del ataque, aunque alegó haber actuado en “defensa propia” durante la noche.
Negligencia administrativa: Una tragedia que se pudo evitar El aspecto más crítico de este caso apunta a la gestión interna de Gendarmería. Según el reporte oficial, ninguno de los dos internos debió haber estado en esa celda el día del crimen.
Ambos contaban con órdenes de traslado emitidas hace al menos una semana. En el caso de Fuentes, el 4 de febrero se había dispuesto su movilización a la cárcel de Rancagua por riesgos a su integridad. Por su parte, Sepúlveda debía haber sido trasladado al penal de Antofagasta en una fecha similar. Pese a estas instrucciones, sus destinos terminaron cruzados con un desenlace fatal.
El perfil del agresor Manuel Fuentes Martínez cuenta con un nutrido prontuario que incluye robos con violencia y porte de arma prohibida. Además, ya era conocido por las autoridades tras haber protagonizado una fuga desde la cárcel de Puente Alto en 2023.
Tras el homicidio, el personal médico de la unidad penal constató el fallecimiento de Sepúlveda, estableciendo preliminarmente que se trataba de un “paciente no reactivo al control de signos vitales, sin pulso”. Debido a la peligrosidad del atacante, este fue derivado de inmediato al Recinto Especial Penitenciario de Alta Seguridad (REPAS), donde permanece bajo estricta vigilancia en una celda individual.
Actualmente, el equipo ECOH del Ministerio Público, junto al fiscal Eduardo Yáñez, lideran las diligencias que incluyen peritajes de huellas, autopsia y la incautación del arma homicida. En paralelo, Gendarmería ordenó un sumario administrativo para determinar las responsabilidades por la fallida ejecución de los traslados que permitió que ambos reos compartieran el mismo espacio.


