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    Lo que nos toca vivir

    Desde Madrid

    Creo, de verdad, que las circunstancias que estamos viviendo en el mundo actual, son extrañas, por decirlo de alguna forma. Porque la tecnología nos llega cada día con algo nuevo, imprevisto y sorprendente. Pero nos aleja de lo aprendido con anterioridad, en nuestra infancia, adolescencia y madurez. Vivimos en función de un teléfono celular cada vez más complicado y somos capaces sólo de utilizar un 15 o un 20 por ciento de sus prestaciones.

    Ese aparato ha conseguido engancharnos a una pantallita pequeña, donde tenemos todo lo que queremos saber, todo lo que queremos decir, mientras nos vamos quedando vacíos interiormente. Bueno, eso es relativo, porque todavía somos muchos los que luchamos por mantener nuestros sentimientos y practicar lo que nos indican. Aunque cada día la lucha se hace más difícil.

    Pero, además, nos vamos alejando de los sistemas de convivencia social que hemos venido utilizando desde hace siglos y que nos ha permitido crecimiento externo y desarrollo interno. Por ejemplo, hemos usado mayoritariamente en el mundo la Democracia para avanzar y progresar, pero ahora unos cuantos la están destruyendo desde dentro, porque ya la consideran insuficiente para saciar sus ansias de poder y de riqueza. O sea, consideran a la Democracia como un vehículo viejo, que ya no presta los servicios que ellos desean para seguir abusando, enriqueciéndose y controlando al resto de la población en forma arbitraria, discriminatoria y violenta.

    Si no lo creen, fíjense en el presidente del país más fuerte del mundo, Estados Unidos quien, a golpe de amenazas y mentiras, va corroyendo el sistema democrático universal, porque se cree el dueño y patrón.

    Para mis mayoritarios lectores, que son chilenos, hay un ejemplo muy similar. El presidente electo de la Nación, José Antonio Kast, que asume recién en el mes de marzo próximo, ya se encuentra realizando giras por diversos países, promoviendo al nuestro con el fin de conseguir inversión, en circunstancia de que ha llegado a la presidencia con un discurso tremendo: Chile está mal, quebrado económicamente, sitiado por bandas de narcotraficantes y delincuentes, con un estado desmesuradamente grande e inseguro. Todo eso es desmentido por las cifras y análisis de organismos internacionales de probada solvencia. Entonces, ¿quién le va a hacer caso ante tal panorama de inestabilidad?

    En Europa, un país gobernado por un extraño espécimen, invade a otro a sangre y fuego, por el sólo interés de anexarse territorios, preservar su seguridad y ganar riquezas naturales. Y el costo es de miles de muertos, la enorme mayoría jóvenes soldados que no saben qué es lo que defienden tan bravamente, y mujeres, niños y ancianos, inocentes. Sin contar con la enorme destrucción material de ciudades, carreteras, instalaciones sanitarias, centros educacionales y religiosos de todo tipo. Indiscriminadamente.

    Hay muchos ejemplos de estas realidades que nos hacen retroceder en el crecimiento humano y que nos deben avergonzar. Por lo tanto, es imprescindible sacudirse y eliminar el mal momento que vivimos, reorientar el uso del avance tecnológico, recuperar valores morales y éticos que ya estamos echando en falta.

    Mi amigo y colega Rodolfo Varela me dice desde Brasil: “Perder la esperanza es peligroso, pero perder la perspectiva de lo que tiene sentido y valor, lo es aún más”.

    Busco ayuda en Gandhi y en su pensamiento evolutivo: “Destruyen al ser humano la política sin principios, el placer sin compromiso, la riqueza sin trabajo, la sabiduría sin carácter, los negocios sin moral, la ciencia sin humanidad y la oración sin caridad”

    El sabio político indio, líder a comienzos del siglo pasado del movimiento independentista de su país mediante la desobediencia civil no violenta, nos indica lo que tenemos que erradicar, hacia dónde caminar y qué formas de lucha inteligente y humana debemos utilizar.

    Entonces…¡Adelante!

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