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    Catástrofe

    Las regiones del Biobío, Ñuble, y Araucanía, con su población rural, sufren días de horror. La afectación es cuantiosa, lo peor es la pérdida de 21 vidas humanas confirmadas, 305 personas lesionadas, sobre 878 viviendas destruidas, más de 20.000 damnificados, 61.000 hectáreas arrasadas por las llamas.

    ¡Incendios tramados o naturales!, ¡provocados o consecuencia del cambio climático! ¿Cómo es posible tanta maldad en el ser humano, si esto fuera obra de un alienado mental? Hay un detenido sospechoso.

    Valparaíso sufrió en el 2024 un devastador incendio que causó la muerte de 138 personas, y 15.000 viviendas fueron consumidas por el siniestro.

    La Fiscalía pide perpetua para los autores. Los culpables: un bombero pirómano y un brigadista de Conaf, que querían asegurar su trabajo en el periodo estival.  Daño urdido por un par de insensibles que no midieron las consecuencias de sus actos deleznables.

    Inmediatamente toda la maquinaria del gobierno se pone en marcha, claro que algunos -los menos- tratan de sacar provecho personal, alegando falta de colaboración y ayuda oportuna, del aparto central.

    Nada más falso, todas las autoridades ya sean de carácter nacional, regional y comunal, desde el primer momento han trabajado oportunamente, sin parar, hasta exterminar el peligro de las llamas.

    Conaf, sus brigadistas, Bomberos sus voluntarios, Carabineros de Chile, la PDI, las Fuerzas Armadas, el Instituto Médico Legal, todos trabajando junto con los desbastados pobladores, que quedan con lo puesto.

    Bomberos tuvo un nuevo mártir, el comandante de la compañía de Litueche, LUIS BECERRA PINO, fallece combatiendo un feroz incendio en la región de O’ Higgins. Su memoria queda impregnada en los anaqueles de esa institución, cumpliendo su arriesgado deber, enfrentarse a las llamas.

    SOLIDARIDAD, se manifiesta siempre, cuando el país nos requiere. La ayuda internacional llega, la que agradecemos de todo corazón. MÉXICO y ARGENTINA, sin desmedro de los demás países, se destaca enviando un centenar de preparados brigadistas, directo a combatir el fuego.

    La comunidad nacional se conmueve, pronto crecen como semillas salvadoras las organizaciones comunitarias recolectando alimentos, ropa, útiles de casa, herramientas y materiales de construcción.

    La labor del voluntariado chileno es admirable, digna de imitar. La juventud cumple un rol sobresaliente.

    “Hoy por ti mañana por mí”. Somos un país de marcadas catástrofes. terremotos y tsunamis. No aprendemos la lección. Las políticas de Estado sin prevención oportuna, son de reacción.

    El presidente que se va apaga el mega incendio. El que llega asume la reconstrucción, las y los compatriotas, todos pagamos la dura cuenta.

    ¡La vida sigue igual, ante la maldita adversidad!

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