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     El drama de 144 familias en Viña del Mar y la disputa con Esval

    El origen del problema radica en las tuberías que bajan por el sector hacia una cámara que colapsó hace un año, «provocando rebalses de aguas servidas» que emiten hedores perceptibles incluso en los departamentos más altos. A esto se suma la rotura de una matriz de agua potable que ha generado pérdidas constantes y un alza injustificada en las boletas mensuales de la sanitaria.

    Lo que debería ser un sector tranquilo en las cercanías del estadio Sausalito, rodeado de áreas verdes y pronto a contar con un nuevo Servicio de Alta Resolutividad (SAR), se ha convertido en una «pesadilla cotidiana para los vecinos del edificio Meseta del Gallo 1», en el sector de Miraflores, Viña del Mar. Desde hace más de un año, unas 144 familias conviven con el colapso de las redes de alcantarillado, una situación que empeora drásticamente con las altas temperaturas del verano.

    El origen del problema radica en las tuberías que bajan por el sector hacia una cámara que colapsó hace un año, «provocando rebalses de aguas servidas» que emiten hedores perceptibles incluso en los departamentos más altos. A esto se suma la rotura de una matriz de agua potable que ha generado pérdidas constantes y un alza injustificada en las boletas mensuales de la sanitaria.

    La frustración de los vecinos: «Para cobrar son mandados a hacer»

    La comunidad apunta a la falta de respuestas de la empresa Esval. Elena Bustamante, presidenta del Comité de Administración de Meseta del Gallo 1, relató que «en el sector tenemos un alcantarillado donde van las aguas servidas y hace más de un año eso está rebalsado y Esval no nos da ninguna solución». Según la dirigenta, la empresa se ha desentendido de las reparaciones de las cañerías, argumentando que la responsabilidad es de los propietarios.

    La gravedad del asunto ha escalado a riesgos estructurales. Debido a la fuga constante de agua, los residentes advierten la aparición de un agujero bajo el pavimento. «Ya hay un socavón debido a la pérdida de agua por la rotura de cañerías. El cemento que estaba arriba de la tierra ahora tiene un hueco porque el agua se comió toda la tierra. Así que obviamente que tenemos temor», advirtió Bustamante. Ante la inacción de la sanitaria, los vecinos debieron postular a fondos municipales, logrando $4,5 millones para mitigar el impacto económico del sobreconsumo.

    La respuesta de Esval: Mal uso del alcantarillado

    Desde la vereda de la empresa, el subgerente zonal, Víctor Pimentel, atribuyó el problema al comportamiento de los propios usuarios. Explicó que «en este sector, el colector de aguas servidas ha presentado obstrucciones recurrentes, principalmente por acumulación de trapos y otros residuos sólidos», lo que, a su juicio, «evidencia un uso inadecuado de la infraestructura y afecta su correcta operación».

    Pimentel aseguró que mantienen un plan de monitoreo y limpieza semanal en el tramo afectado, y que se encuentran «evaluando otras medidas estructurales». No obstante, reiteró que la comunidad debe evitar arrojar desechos al sistema para prevenir nuevos colapsos.

    Mientras la sanitaria hace un llamado a la responsabilidad, los dirigentes vecinales denuncian un daño ambiental persistente. Iván Mardones, presidente de la Unión de Condominios Sociales de la Ciudad Jardín, fustigó la demora en las soluciones: «Este problema lo tienen hace rato. Se le pidió a Esval que fueran, pero no han hecho nada y la inmundicia que hay ahí ni le cuento».

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