La semana cerró con el mayor shock estratégico en la región en años: Estados Unidos ejecutó una acción militar que derivó en la captura y salida del poder de Nicolás Maduro, abriendo una fase de administración/“transición” bajo tutela estadounidense, con contestación internacional inmediata. El Consejo de Seguridad de la ONU fue convocado para tratar el hecho (con impulso de Colombia y apoyos de Rusia y China), mientras el Secretario General alertó sobre precedentes para el orden internacional.
Chile, al igual que otros países condenó la intervención de Estados Unidos en Venezuela, sin embargo y ante los hechos consumados, este escenario cambia el cálculo de riesgo político y energético regional, eleva el umbral de incertidumbre en fronteras, migración, crimen organizado y alineamientos externos. Para Chile, en ese sentido, el “vector Venezuela” deja de ser solo un factor diplomático y pasa a ser operacional, es decir, con impactos en la seguridad regional, rutas ilícitas y gobernanza hemisférica.
Mientras tanto, en la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados la agenda para esta semana estará centrada en la discusión particular del Proyecto de Ley, que modifica el Código Penal para disponer la intervención de la fiscalía militar en la investigación del delito de espionaje (Boletín N°17690-07), en primer trámite constitucional y primero reglamentario sin urgencia.
La discusión se está dando en dos materias con potencial estructurante, Chile está tensionando dos ejes que se cruzan: contrainteligencia/espionaje y gobernanza tecnológica. La pauta legislativa revela un dilema práctico: elevar capacidades y herramientas del Estado sin desbordar controles civiles y estándares de derechos.
Mientas tanto, la Comisión de Defensa del Senado esta semana continuará con el estudio de las indicaciones presentadas al proyecto de ley, en primer trámite constitucional, para la protección de la infraestructura crítica del país (Boletín N° 16.143-02). Han sido invitados el Ministro del Interior y el Ministro de Seguridad Pública.
OTAN, Ucrania y Rusia
La semana estuvo marcada por ataques con drones y degradación persistente en la frontera ruso-ucraniana, mientras se anunciaban/organizan instancias diplomáticas y conversaciones para propuestas de paz y garantías de seguridad.
El patrón es consistente: presión militar para mejorar posición negociadora + presión política por “marcos de paz” aún frágiles, donde el punto de fricción central sigue siendo garantías verificables (duración, compromisos, enforcement).
En la capa UE/Europa, el Consejo de la UE mantuvo foco en apoyo militar a Ucrania y “defence readiness” con hoja de ruta hacia 2030, destacando prioridades de capacidades y proyectos concretos.
El reordenamiento europeo de compras y producción (municiones, drones, defensas aéreas) seguirá presionando plazos y precios globales, con efectos en adquisiciones chilenas y disponibilidad de MRO/partes.
Estados Unidos, hemisferio occidental y Venezuela
El núcleo de la semana fue la decisión de Washington de intervenir en Venezuela, con narrativa de transición “segura” y respuesta diplomática inmediata (ONU, críticas de potencias).
China condenó la operación, subrayando el impacto en la estabilidad regional y señalando riesgos para ciudadanos chinos; el caso tensiona también la dimensión energética y de influencia externa en América Latina.
Venezuela pasa a ser un “caso laboratorio” de competencia estratégica: legitimidad, control de recursos, puertos, sanciones, y (previsible) guerra informacional.
China, Taiwán y el Indo-Pacífico
China ejecutó ejercicios “Justice Mission 2025” (29–30 diciembre) con despliegues para cercar Taiwán, incluir fuego real y simular ataques/bloqueos de puertos: una señal de coerción y ensayo de escalamiento.
El punto crítico no es el volumen del ejercicio, sino la normalización de un “repertorio de bloqueo” que complica el tiempo de reacción de terceros y amplía la zona gris (interdicción, controles, advertencias).
Cualquier escalamiento sostenido en el Estrecho tensiona rutas marítimas, seguros, costos y disponibilidad de semiconductores. Para Chile, el riesgo es indirecto pero real: shock de fletes, disrupción de suministros tecnológicos y presión inflacionaria importada (con impacto en capacidades duales y ciber).
Gaza y Medio Oriente
En Gaza, pese a un cese al fuego mediado por EE. UU. (octubre), persistieron muertes y episodios violentos; además Israel anunció suspensión/limitación de operación de múltiples organizaciones humanitarias desde 2026, con potencial efecto en terreno y legitimidad internacional.
En el plano político, tras reunión Trump–Netanyahu, EE. UU. endureció públicamente presión sobre Hamas (desarme) y advirtió a Irán sobre nuevas acciones si reconstituye capacidades nucleares.
El conflicto yemení entró en fase de escalamiento interno entre fuerzas respaldadas por Arabia Saudita y el eje del Consejo de Transición del Sur apoyado por EAU, con retomada de control territorial y señales de rift estratégico entre Riad y Abu Dabi.
El Mar Rojo y el eje energético vuelven a cargarse de riesgo: incluso con pausas en ataques a shipping, el “riesgo político” y de infraestructura permanece como prima.
África
Informe desde terreno evidenció devastación en Al-Fashir tras toma por RSF (patrón de atrocidades, desplazamiento masivo, y ciudad prácticamente vaciada), con implicancias humanitarias y de estabilidad regional.
Persisten señales de deterioro estructural (insurgencia, control territorial y tensiones interestatales), con episodios diplomáticos como restricciones recíprocas de visados en algunos países.
Más que “eventos”, África concentra tendencias: fragmentación de soberanías, militarización de la política, y expansión de economías ilícitas (oro, rutas, armas).


