Más
    InicioDestacadaTendencias Estratégicas Emergentes

    Tendencias Estratégicas Emergentes

    La última semana estuvo marcada por una recomposición del tablero estratégico global: mientras en Medio Oriente los conflictos se mantienen encapsulados pero altamente letales y la guerra en Ucrania profundiza ataques de largo alcance contra infraestructura crítica, Estados Unidos redefine su doctrina priorizando el hemisferio occidental y presiona navalmente a Venezuela; en paralelo, China afina capacidades para un eventual escenario en Taiwán y Europa acelera su autonomía defensiva, al tiempo que América Latina entra de lleno a la competencia de proveedores militares, con Chile moviéndose entre cooperación antártica, diversificación de alianzas estratégicas y una agenda legislativa que apunta al resguardo de infraestructura crítica y a redefinir el rol de sus Fuerzas Armadas.

    América Latina y Chile

    Un repaso regional de las últimas semanas muestra un aumento en ejercicios combinados, adquisiciones y debates sobre rol de las Fuerzas Armadas, con especial atención a la creciente presencia de Estados Unidos en el Caribe y Atlántico por la crisis con Venezuela, y a la pujante competencia de proveedores extrahemisféricos (China, Rusia, Turquía) en el mercado de defensa latinoamericano.

    En el caso chileno, un hito de la semana es el anuncio público de Israel de su disposición a “retomar” las relaciones en materia de defensa con Chile tras el quiebre ocurrido bajo la administración Boric, en un contexto marcado por la elección de José Antonio Kast y un cambio de tono diplomático entre ambos países.

    Este relanzamiento, de concretarse, podría reactivar conversaciones en torno a sistemas de defensa aérea, tecnologías de vigilancia y cooperación en ciberdefensa, pero también generará debates internos sobre la política exterior chilena frente al conflicto israelí–palestino.

    La región se reconfigura como espacio de disputa de proveedores (Estados Unidos, Europa, Israel, China, Rusia), donde el peso de la ESN estadounidense y el relanzamiento de vínculos Chile–Israel refuerzan una tendencia a la “repolitización” de las compras militares: la elección de sistemas no será solo técnica o financiera, sino también un gesto de alineamiento geopolítico.

    Un insumo relevante para el mundo político chileno fue la reunión del subsecretario para las Fuerzas Armadas, Galo Eidelstein, con el mayor general Ye Jiang, del Ministerio de Defensa de la República Popular China, en el marco de la IV Comisión Conjunta sobre Intercambio y Cooperación China–Chile realizada en Santiago. El encuentro tuvo por objetivo reactivar la colaboración en defensa y estimular proyectos de cooperación militar, educación y logística.

    En el plano estrictamente militar, se formalizó un convenio de colaboración entre la Fuerza Aérea de Chile y la Armada, firmado el 3 de diciembre en el Ministerio de Defensa, para fortalecer mecanismos permanentes de cooperación operativa, logística, científica y de apoyo antártico, con énfasis en la optimización de recursos públicos y la actuación conjunta en el territorio antártico.

    Chile profundiza una doble vía de inserción: por un lado, cooperación logística y antártica con énfasis en eficiencia del gasto y sinergias; por otro, diversificación de vínculos estratégicos —China, Israel, Estados Unidos— en un contexto de mayor competencia entre potencias. Esto exigirá al sistema político una discusión más fina sobre control civil, transparencia en acuerdos de cooperación y alineamientos de largo plazo.

    Referente a la agenda parlamentariaen el Senado, la Comisión de Defensa Nacional sesionó el 16 de diciembre en Valparaíso, con foco central en el proyecto de ley para la protección de la infraestructura crítica del país (Boletín 16.143-02), iniciativa que el Ejecutivo ha tramitado con urgencia y que busca institucionalizar el rol del Estado —incluyendo a las Fuerzas Armadas— en resguardo de instalaciones esenciales.

    En semanas previas, la misma Comisión abordó otros proyectos vinculados a defensa y seguridad, mientras que en la Cámara se han solicitado informes técnicos y reportes periódicos orientados a monitorear la brecha de personal (conscriptos y tropa profesional) para tareas excepcionales y la disponibilidad de material bélico en comparación con los vecinos, aunque esos debates no han tenido una nueva sesión pública en los últimos días.

    Al día de hoy, los portales oficiales de la Cámara y el Senado no muestran nuevas citaciones específicas de la Comisión de Defensa Nacional para la semana inmediatamente siguiente al 21 de diciembre, lo que es consistente con el cierre del año legislativo y el calendario de sesiones de sala.

    Sin perjuicio de ello, es razonable proyectar que los siguientes temas seguirán en la agenda inmediata (ya sea en sesiones residual es de 2025 o en el arranque de 2026):

    • Continuación de la tramitación del proyecto de ley de infraestructura crítica, en coordinación con la Comisión de Seguridad Pública.
    • Seguimiento a la cooperación en defensa con China (IV Comisión Conjunta) y sus implicancias en materia de interoperabilidad, compras y formación de personal.
    • Eventuales debates sobre las relaciones de defensa con Israel a la luz del nuevo escenario político interno y las señales de reaproximación bilateral.

    La discusión se ordena en torno a tres ejes: infraestructura crítica (rol de FF.AA. en seguridad interna extraordinaria), transparencia y control en cooperación internacional en defensa, y alineamientos con potencias y proveedores estratégicos.

     

    OTAN, Ucrania y Rusia

    En Europa, la nueva ESN estadounidense, ha generado debate: análisis especializados describen el documento como un desplazamiento del “centro de gravedad” estratégico hacia el hemisferio occidental, al tiempo que se mantiene la obligación de “permitir que Europa se defienda por sí misma” frente a Rusia.

    En paralelo, continúan los combates en Ucrania con alto costo humano y material, lo que obliga a los países europeos a sostener ayudas militares y paquetes de reconstrucción, mientras discuten reforzar su industria de defensa para cubrir brechas en municiones, defensa aérea y sistemas no tripulados.

    Si Washington prioriza el hemisferio, Europa se ve empujada a una “autonomía defensiva por necesidad”, acelerando su agenda industrial-militar y poniendo sobre la mesa iniciativas de defensa europea que pueden redefinir futuros programas conjuntos de armamento, interoperabilidad y cadenas de suministro, donde empresas latinoamericanas (y chilenas) de nicho podrían encontrar oportunidades.

    En el frente ucraniano, el dato más relevante de la semana es la extensión de la campaña de ataques a gran distancia de Kiev contra infraestructura estratégica rusa: drones ucranianos golpearon una plataforma petrolera en el campo Filanovsky, en el mar Caspio, a más de 700 km de territorio ucraniano, y dañaron al patrullero Okhotnik, además de sistemas de radar en Crimea.

    Paralelamente, Rusia sigue hostigando nodos logísticos ucranianos: el bombardeo reiterado de un puente clave en Mayaky (región de Odesa), por donde transita cerca del 40 % del combustible del país, ha obligado a Ucrania a montar un puente de pontones alternativo, tensionando su resiliencia logística.

    En el terreno, los combates se concentran en el eje Pokrovsk–Donbás, con más de 60 ataques repelidos por Kiev en esa zona, y una densidad muy alta de drones kamikaze rusos (más de 1.600 solo en los últimos días reportados).

    Finalmente, una incursión rusa en la región de Sumy derivó en el secuestro de alrededor de 50 civiles ucranianos, trasladados forzadamente a territorio ruso, en un episodio calificado por las autoridades de Kiev como crimen de guerra y parte de un patrón de deportaciones forzadas.

    La guerra entra en una fase donde la “profundidad estratégica” se convierte en blanco sistemático: Ucrania demuestra capacidad para golpear activos energéticos y navales en cuencos alejados (mar Caspio), mientras Rusia castiga infraestructura logística crítica en Odesa. Esto anticipa un 2026 con mayor protagonismo de operaciones de larga distancia, capacidades autónomas de drones y creciente vulnerabilidad de nodos energéticos y de transporte en todo el espacio euroasiático.

     

    Estados Unidos, hemisferio occidental y Venezuela

    La administración Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025, documento que marca un giro relevante: América Latina pasa a ser la prioridad regional explícita, desplazando el foco previo en el Indo–Pacífico. La estrategia llama a “reajustar la presencia militar global para abordar amenazas urgentes en nuestro Hemisferio”, a disuadir un conflicto por Taiwán manteniendo superioridad militar y a habilitar que Europa asuma más responsabilidad en su propia defensa.

    Análisis de think tanks internacionales subraya que este giro —denominado por algunos como “corolario Trump”— responde a una doble lógica: frenar la influencia china en la región y reforzar un control hemisférico sobre flujos migratorios, energía y cadenas logísticas críticas.

    Operaciones marítimas frente a Venezuela

    En paralelo al giro doctrinario, Estados Unidos intensificó su presión naval frente a Venezuela: la Guardia Costera persigue un tercer petrolero identificado como parte de la “flota oscura” vinculada a Irán y PDVSA, lo que se suma a interdicciones previas y a un virtual bloqueo de buques sancionados.

    Estas acciones buscan estrechar las fuentes de ingresos del gobierno de Nicolás Maduro y encarecer el costo del comercio petrolero bajo sanciones. Para los países vecinos, implican riesgos de incidentes navales, impactos en los flujos energéticos regionales y mayor protagonismo de operaciones de interdicción en el Caribe y Atlántico sur.

    La combinación de una estrategia hemisférica formalizada en la ESN y operaciones concretas contra la flota sancionada cerca de Venezuela fortalece la idea de una “Doctrina Hemisférica 2.0”: más presión naval, más relevancia de los comandos conjuntos con eje en el Caribe y una invitación implícita a los socios latinoamericanos a alinearse en materia de control de rutas marítimas, seguridad de infraestructuras críticas y contención de actores extrahemisféricos (China, Irán, Rusia).

    China, Taiwán y el Indo–Pacífico

    Informes de centros especializados indican que el Ejército Popular de Liberación está utilizando la cooperación con Rusia para mejorar su capacidad de crear y defender “cabezas de puente aéreas” (airheads) en un eventual escenario de invasión de Taiwán, incluyendo el empleo de drones y sistemas logísticos para sostener operaciones en profundidad contra blancos más allá de la línea de frente.

    Adicionalmente, se reporta concentración de buques militares chinos en distintos puntos del mar de China Meridional y alrededores de Taiwán, en una demostración de fuerza que sigue la línea de ejercicios navales de gran escala (“Strait Thunder-2025”) realizados durante el año.

    China consolida un modelo de proyección combinada: grandes demostraciones navales para marcar presencia regional y, en paralelo, trabajo fino en logística expedicionaria (airheads, drones, reabastecimiento) para un eventual conflicto de alta intensidad por Taiwán. Esto tendrá derivadas para Chile en términos de planificación de sus contribuciones a misiones de paz en Asia, participación en foros navales del Pacífico y diversificación de vínculos con armadas aliadas.

    Medio Oriente y guerra en Ucrania

    En Gaza, la violencia se mantiene en su nivel más bajo desde el alto al fuego de febrero, tras la reactivación del cese de hostilidades el 10 de octubre. Sin embargo, las Fuerzas de Defensa de Israel siguen ejecutando centenares de operaciones, con más de 165 palestinos muertos en noviembre y combates concentrados en torno a la red de túneles en Rafah y al este de la denominada “Línea Amarilla”.

    En el Líbano, Israel ha intensificado una campaña de ataques selectivos contra cuadros de Hezbollah (incluyendo mandos logísticos de la Fuerza Radwan y a su “jefe de Estado Mayor” de facto), marcando el mes con mayor número de fallecidos desde julio y tensionando el frágil esquema de cese del fuego mediado por Estados Unidos y Francia.

    En Siria, se combinan dos dinámicas: un aumento importante de protestas contra el régimen en zonas costeras y centrales, con demandas de descentralización y autogobierno, y una escalada de operaciones israelíes en el sur, con más de 900 acciones en lo que va de 2025 y alrededor de 100 solo en noviembre, incluyendo incursiones y bombardeos en Beit Jinn.

    En Yemen, las tensiones entre fuerzas respaldadas por Arabia Saudita y por Emiratos Árabes Unidos estallaron en combates de mayor escala en la gobernación de Hadhramawt, donde el Consejo de Transición del Sur lanzó la operación “Promised Future” para tomar centros urbanos clave y campos petroleros, en medio de un aumento de las demandas de autogobierno y protestas sociales por servicios básicos.

    Se consolida un patrón de “conflictos encapsulados”, con niveles de violencia contenidos por acuerdos frágiles pero con alta letalidad y operaciones de precisión contra liderazgos y nodos energéticos. La combinación de campañas de decapitación de mandos (Hezbollah, Hamas) y guerras por infraestructura (Khor Mor en Irak, campos petroleros en Yemen) configura un entorno de riesgo permanente para rutas energéticas y para cualquier despliegue de fuerzas de paz o misiones navales de terceros Estados.

    África: militarización creciente, reconfiguración geopolítica y expansión del riesgo

    África atraviesa una profunda reconfiguración estratégica marcada por el avance de juntas militares en el Sahel, el retiro parcial de potencias occidentales, la creciente presencia de Rusia, China, Turquía e Irán y el fortalecimiento de grupos yihadistas que hoy operan con mayor alcance territorial y letalidad. El Sahel se consolida como epicentro de inestabilidad, mientras el Mar Rojo y el Cuerno de África concentran creciente militarización naval y rivalidad entre potencias debido a su peso en rutas energéticas y comerciales globales. Paralelamente, África Occidental enfrenta expansión del extremismo hacia Benín, Togo y Costa de Marfil, y el Golfo de Guinea eleva su riesgo por piratería y crimen organizado. En el Magreb persiste la carrera armamentista entre Argelia y Marruecos, mientras Sudáfrica busca liderazgo regional con fragilidades internas. El continente deja de ser periferia y se instala como teatro activo de competencia estratégica global, con implicancias directas sobre estabilidad internacional, cadenas logísticas, seguridad energética y presencia militar de grandes potencias.

    Se sigue robusteciendo un escenario de consolidación de bloques autoritarios, expansión de actores privados y estatales extra-regionales, “navalización” de zonas críticas, África como plataforma de poder global y riesgo de expansión transregional del terrorismo. Para Chile, implica atención permanente a impactos logísticos, energéticos, diplomáticos y de seguridad en foros multilaterales y comercio exterior.

    Debes leer

    spot_img