La llamada inteligencia artificial tiene un nombre atractivo. Cualquiera no se denomina inteligente ni inhumano, como lo es todo aquello que es artificial.
Los algoritmos de los que se nutre este tipo de intervención en nuestra libertad, porque eso es al fin y al cabo un algoritmo, han invadido todos nuestros espacios naturales. Esa imagen de una madre sirviendo la cena y su cónyuge y sus hijos pegados al teléfono idiota, porque de inteligente nada, es icónica.
En una sociedad que debiera ser y vivir informada, los algoritmos se encargan de hacer todo lo contrario. Las personas ya no deciden sobre su futuro, lo hace la propaganda, que persigue cada palabra o movimiento que hace un usuario en su smart con sus deditos.
Alguien podría sostener que los algoritmos facilitan la vida al conectar a las empresas o instituciones con los consumidores o usuarios. Se podría decir que en milisegundos los busca y los encuentra.
Este fin de semana me llegó una oferta de venta de departamentos. Quise saber cómo hacía para comprar al contado, pero me llevaba a una página donde me preguntaban cuál era mi renta. Ahí se me cayó el algoritmo. Sabía mi celular, mi correo electrónico, mi dirección y no sabía mi renta. Si todo lo pago con tarjeta, entonces el algoritmo conoce mi gasto mensual.
Aunque existe el secreto bancario, el algoritmo todo lo conoce. A mi edad ya no soy sujeto de crédito hipotecario, aun así, el algoritmo me pedía la renta y me preguntaba si quería 25 o 30 años. Otra vez se me cayó la Inteligencia Artificial.
Estoy por convencerme que, en Chile, el déficit atencional que tiene buena parte de la población alcanza a las máquinas que bucean en nuestras vidas. Si buena parte no entiende lo que lee, pues el algoritmo o se está volviendo loco o se fundió.
Talvez los chilenos no estemos utilizando bien esta herramienta. En una de esas nos sirve para seguirnos engañando, facilitando la vida a los que mienten y tuercen voluntades.
Lo que está claro es que segmentan a las personas y en X, IG y Tik Tok solo los de un lado «conversan» entre ellos y los del otro, lo mismo. Entonces, estos instrumentos no están destinados a que conozcamos personas que pensamos distinto. Es más, están destinados a generar odio y división en las mismas familias.
Declaro que la Inteligencia Artificial es un cáncer para la sociedad.
George Orwell, en «1984» se quedó chico.


