Francisco Huenchumilla, presidente nacional de la DC, reelecto senador por la Araucanía, y la senadora Yasna Provoste, por Atacama, se la jugaron con todo para lograr un triunfo personal y colectivo.
Asumieron la responsabilidad de mantener viva la dividida colectividad falangista, llama que se estaba extinguiendo por sus múltiples desaciertos y odiosas rivalidades.
El destino era desaparecer, como sucedió en esta elección con otros históricos partidos que no lograron representación parlamentaria, menos los votos exigidos por la ley.
La ciudadanía le pasó la cuenta, basta de tanta burla con el soberano, que no está solo para votar, sino para demostrar su hastío.
Algunos militantes de la otrora poderosa DC pregonaban el camino “solos”, otros ir en las pretinas de la derecha.
Ni lo uno, ni lo otro, el pacto fue con los partidos que representan el socialismo democrático, incluido el PC, el más cuestionado, útil para aportar votos, pero no le alcanzó, por ahora, para tener presidenta.
La DC no desaparece. La flecha roja se mantiene aún con vida. Los ocho diputados electos, y los dos senadores, le permiten subsistir, con la cuota mínima exigida por la ley. Agrégase al senador DC Iván Flores de la hermosa región de Los Lagos, que no competía en esta oportunidad.
La voz humanista-cristiana se escuchará tanto en el Senado, como en la H. Cámara de Diputados y Diputadas. Volver a reencantar a la población decepcionada de la política y de los malos políticos, es una tarea titánica, para aquellos que serán la voz, de los que ayer, dieron vida a este movimiento nacional y popular.
Francisco Huenchumilla y su directiva, no solo se jugaba su prestigio político, además se le sindicaba como el que pondría el último clavo al cajón, el sepulturero de la familia demócrata.
Conspicuos dignatarios lo atacaron sin piedad. Por el camino tomado, por los acuerdos suscritos, por las negociaciones y cupos parlamentarios, por la línea inalterable de defensa al pueblo, por seguir siendo la democraciacristiana, una colectividad al servicio de la gente y no de los poderosos.
Por último, no fallar a la memoria de los que dieron su vida por devolver a Chile, paz justicia y libertad, la que no debemos desperdiciar jamás.
La humildad como principal característica del gran Toqui mapuche, que en el pasado pudo unir a su pueblo, para dar la lucha contra el colonizador por más de 300 años, se traduce en un sentido llamado, que cobra total vigencia, en estos días.
“Vuelvan como el hijo pródigo”. Hoy es el deber del perdón, para ser lo que fuimos, nos llama el presidente de la DC.
Desde el más humilde militante, hasta los más conspicuos y valiosos representantes que ayer, hoy y siempre serán reconocidos como los pilares, constructores de una amistad cívica incomparable.
Esta es la última oportunidad que nos da el sabio pueblo chileno, no lo defraudemos, escuchemos el llamado y aceptémoslo como un enorme desafío.


