Hay gobiernos que funcionan como reloj suizo. Otros funcionan como grupo de WhatsApp familiar: nadie sabe quién leyó el mensaje, nadie responde y, cuando alguien pregunta qué pasó, todos dicen “yo no sabía”.
Y así llegamos a esta semana en el Gobierno.
Nadie le avisó al biministro
Resulta que el Gobierno decidió recurrir al Tribunal Constitucional y, aparentemente, al biministro Alvarado se le olvidó avisarle… o a alguien se le olvidó avisarle a él.
Porque una cosa es tener diferencias internas. Otra muy distinta es que un ministro tenga que enterarse de lo que hace su propio Gobierno por la prensa.
Uno esperaría que antes de enviar un requerimiento al TC alguien le mandara un WhatsApp:
“Estimado ministro: para que esté informado, su Gobierno decidió recurrir al Tribunal Constitucional. Saludos cordiales”.
Pero no.
Al parecer, en La Moneda descubrieron una nueva forma de coordinación política: el factor sorpresa.
A este ritmo, el próximo Consejo de Ministros va a funcionar como un cumpleaños sorpresa: nadie sabe qué está pasando y, cuando llegan, ya es demasiado tarde.
Ducó: otra que salió por la puerta trasera
Y cuando todavía estábamos aprendiendo quién era la ministra Natalia Ducó, llegó su renuncia.
Otra baja.
El Gobierno empieza a parecerse menos a un gabinete y más a un plantel de fútbol en período de fichajes.
Uno entra, otro sale, alguien renuncia, otro es reemplazado y los que todavía siguen en sus cargos probablemente duermen con un ojo abierto.
Porque a este ritmo, cuando finalmente uno aprende quién ocupa un ministerio, ya tiene que actualizar el nombre.
—¿Quién es el ministro?
—Era.
—¿Y quién quedó?
—Todavía no sabemos.
—Ah, perfecto. ¿Y cuándo lo cambian?
La puerta giratoria
Y aquí está lo verdaderamente curioso: la cantidad de autoridades que han salido en tan pocos meses.
Han cambiado tantas piezas que uno ya no sabe si está leyendo un cambio de gabinete, el parte meteorológico o la cartelera de un terminal de buses.
Lo más impresionante es la velocidad.
Cuando finalmente uno aprende quién ocupa un cargo, ya está preparando la carta de renuncia.
El Gobierno llegó prometiendo orden, estabilidad y eficiencia.
Y hay que reconocerlo: en algo han sido extraordinariamente eficientes: en cambiar autoridades.
A estas alturas, el próximo cambio de gabinete podría hacerse directamente por sorteo.
“Felicitaciones, señor. Usted ha sido seleccionado para ser subsecretario”.
“¿Y cuánto dura?”
“No sabemos. Pero disfrute mientras pueda”.
Porque si esto sigue así, pronto no vamos a necesitar un organigrama del Gobierno.
Vamos a necesitar un álbum de figuritas.
Y la figurita más difícil de conseguir será, probablemente, la de alguien que haya logrado mantenerse en el cargo el tiempo suficiente como para que todos aprendamos su nombre.
Atte, Rosamel Fierro


