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Manouchehri y Cicardini

El hecho más inadvertido, pero a la vez más importante de la semana política —que públicamente nadie ha acusado hasta el minuto— es el perfilamiento de la candidatura presidencial del diputado Daniel Manouchehri en medio de la marea opositora.

Su hábil pareja, Daniela Cicardini, ejecutó desde el Senado un diseño perfecto de posicionamiento público al fragor de una reforma tributaria que, se sabe, resulta imposible de detener para la oposición a Kast en el Congreso. Su gestión, motejada de polémica y hasta disruptiva en el PS, les genera a ella y a él visibilidad y, sobre todo, alineamiento interno de cara a las candidaturas de 2029.

Daniel y Daniella comprendieron que, para imponerse sobre la alternativa socialdemócrata de Gabriel Boric o la opción liberal de Tomás Vodanovic en la definición presidencial, deberán diferenciarse desde ya de los caudillos del FA ante la ciudadanía. Tendrán que construir popularidad acechando a Kast como pretexto perfecto y, por cierto, generar sentido de pertenencia e identidad en las filas del PS para levantar, de una vez por todas, una candidatura competitiva ante el FA y sus socios.

No en vano la estrategia de la sociedad Manouchehri-Cicardini goza de una importante presencia en redes sociales, con cifras envidiables de seguidores que se cuentan por cientos de miles. Ambos usan un lenguaje simple y emotivo, destinado a audiencias despolitizadas, que les reporta ganancias electorales. Semanalmente marcan la pauta mediática vía fiscalización al gobierno en todos los frentes, sin escatimar temas ni recursos. No tienen empacho alguno en cruzarse con pierna fuerte —cual central uruguayo— ante los caciques de su partido y de toda la oposición. La presidenta del PS, Paulina Vodanovic, puede dar cuenta de primera mano de la rudeza táctica tras su pelea en el hemiciclo. Tampoco eluden el descueramiento chacal en las reuniones y en los chats internos del partido. En suma: ejecutan un despliegue bien estructurado en todos los frentes y, por ahora, con saldo positivo en sus objetivos.

Daniel apunta a La Moneda y Daniella, a la batuta partidaria en calle Londres. Metas compatibles y perfectamente abordables en paralelo. Los dos gozan de experiencia parlamentaria con sólido apoyo en sus localidades. Se mueven como pez en el agua en la tramposa vida orgánica de lotes del PS. Y tienen la energía vital para la disputa política —ella con 38 años y él con 42—, factor no menor si se apela al recambio en los liderazgos.

Hoy, el torpe desempeño del gobierno derechista de Kast y compañía resulta el escenario ideal para el diputado y la senadora socialistas. Sabrán sacarle el jugo a la coyuntura semanal y seguirán con su hábil plan político ante cualquier contratiempo o sabotaje. Habrá, entonces, que poner el ojo en este tándem que salió a disputar la carrera presidencial con astutas vías y ambiciosos propósitos.

 

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