Un contundente estudio técnico ha puesto en duda la viabilidad y necesidad del proyecto de Puerto Exterior de San Antonio, la mayor obra de infraestructura portuaria planificada para la zona central del país. El análisis, encargado por la Cámara Marítimo y Portuaria de Chile (Camport) —gremio que agrupa a los principales terminales privados y estatales—, concluye que bajo las actuales condiciones del mercado, no se justifica una inversión de la magnitud proyectada para dicho terminal.
Un cambio en el escenario: Demografía y consumo
El informe, elaborado por la consultora neerlandesa Port Consultants Rotterdam B.V. (PCR), sostiene que las proyecciones que dieron origen al megapuerto (concebido entre 2010 y 2013) ya no se ajustan a la realidad económica nacional. Pedja Zivojnovic, director del estudio, explicó a El Mercurio que «nuestro análisis y conclusión es que el crecimiento de volúmenes en contenedores en Chile no va a ser tan alto«.
Según el experto, el principal motor del movimiento de carga es el consumo interno, el cual está limitado por la demografía y un poder de compra que crece a ritmo lento. En este contexto, el reporte indica que no se identifica la necesidad de iniciar la construcción del megapuerto antes del año 2045, triplicando el plazo previsto originalmente.
La alternativa: Valparaíso y «medidas soft»
Frente a la ambiciosa inversión de US$4.450 millones que requiere San Antonio para triplicar su capacidad, el estudio recomienda priorizar la ampliación del Puerto de Valparaíso. La consultora destaca que la expansión de Valparaíso (estimada en US$900 millones) presenta una mayor eficiencia económica, con costos de inversión significativamente menores por cada unidad de carga (TEU) en comparación con la primera etapa de San Antonio.
Además, el informe sugiere que la macrozona central puede absorber el crecimiento de la demanda mediante mejoras operativas sin necesidad de grandes obras de infraestructura. Según Zivojnovic, «con medidas soft, solucionando temas logísticos, de transporte terrestre, y superando ineficiencias, se puede mejorar la capacidad actual, y son medidas que se pueden implementar de manera bastante fácil y sin grandes inversiones«.
Competencia regional y desventaja estratégica
Otro punto crítico del análisis es la pérdida de competitividad frente a otros terminales de la costa pacífica, como Callao y Chancay en Perú, y Posorja en Ecuador. Estos puertos, según el reporte, «presentan iguales o mejores condiciones de operatividad, infraestructura y equipamiento, bien como una ubicación más favorable» para actuar como centros concentradores de carga (hub). El informe concluye que San Antonio no posee una ubicación competitiva para captar la carga regional necesaria para justificar su escala.
El riesgo de insistir en el proyecto
El estudio advierte que, de insistir la autoridad en la construcción del terminal sin que exista carga suficiente, se generaría un desajuste financiero que terminaría afectando a los usuarios o al Fisco. «Como no va a haber carga suficiente, se va a complicar la continuación de terminales existentes en San Antonio y en Valparaíso, y van a haber tarifas elevadas (…) salvo que el Estado de Chile decida subvencionar«, alertó Zivojnovic.
Finalmente, el director de la investigación fue tajante respecto al uso de los recursos públicos en esta obra: «Hay que hacer los puertos existentes más eficientes, es mejor que gastar mucha plata, tirarla al mar, si quieres decirlo de una manera un poco fea. Pero sí, hay que tirar mucha plata al mar para el nuevo puerto«.


