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Un Mundial impredecible

Si algo ya define este Mundial 2026 es que las sorpresas llegaron antes del primer silbato. Con el torneo ampliado a 48 selecciones, debutan países que parecían imposibles: Curazao, con apenas 160.000 habitantes, es el país más pequeño en jugar un Mundial, junto a Uzbekistán, Jordania y Cabo Verde. En las listas, Brasil sorprendió convocando a un Neymar que no juega en la selección desde 2023, y España armó su plantel sin ningún jugador del Real Madrid. Y en la cancha, ya hubo golpes a la lógica: Alemania goleó 7-1 a Curazao, pero Japón, Marruecos y Colombia aparecen como los equipos llamados a romper pronósticos. Con más cupos, más partidos y menos miedo al “gigante”, este Mundial confirma que la sorpresa ya no es la excepción: es el nuevo formato. El Uruguay de Bielsa se marchó con dos puntos, el único campeón y sudamericano eliminado en fase de grupos.

Hay Mundiales que se juegan con el libreto en la mano: Brasil, Alemania, Argentina y Francia repartiéndose la final como siempre. Y hay otros que tiran el guión a la basura en la fase de grupos. Esos son los que uno recuerda 20 años después.

El fútbol se hizo grande por las sorpresas. Porque una selección sin galácticos puede mirar a los ojos a un campeón del mundo y ganarle. Porque 90 minutos alcanzan para que un arquero desconocido sea héroe nacional.

Las sorpresas empiezan en el grupo

Siempre hay un “gigante” que tropieza el primer día. Pasa cuando la presión pesa más que la camiseta. Un equipo que llegó invicto de las eliminatorias pierde con una selección que tuvo que rifar pasajes para llegar. El estadio enmudece, Twitter explota y el DT del favorito da la conferencia más larga de su vida. Ahí el Mundial cambia: ya nadie es intocable.

El arquero que se vuelve muralla

Cada Mundial tiene el suyo. Un portero de un país pequeño que ataja tres penales en octavos, vuela de palo a palo y termina en la portada de todos los diarios. De repente, un club de Europa paga millones por alguien que hace seis meses jugaba con estadios a medio llenar. La sorpresa no es solo el resultado, es ver nacer ídolos en tiempo real.

El equipo que nadie invitó a la fiesta

Marruecos en 2022. Corea en 2002. Senegal en 2002. Camerún en 1990. Son selecciones que juegan sin el miedo de “tener algo que perder” porque nadie esperaba nada de ellos. Corren más, arriesgan todo y entienden que en un Mundial el corazón compensa 20 puestos en el ranking FIFA. Cuando eliminan a un europeo en octavos, el planeta entero celebra con ellos.

El gol en el minuto 90+5

La sorpresa también tiene forma de tiempo. Es ese gol agónico que clasifica a un equipo que ya estaba eliminado en la pizarra. Es el delantero que falló todo el torneo y define la serie. El fútbol es cruel con los favoritos y generoso con los que creen hasta el último segundo.

¿Por qué nos gustan tanto?

Porque nos recuerdan que el dinero no juega, juegan once. Porque un Mundial sin sorpresas es solo una ceremonia de coronación. Las sorpresas humanizan el torneo: le dan voz a países que no suelen salir en las transmisiones y le dicen al niño que juega en la calle que todo es posible.

Al final, los campeones levantan la copa. Pero las historias que se cuentan en los asados son las de los que rompieron todos los pronósticos.

Porque el Mundial no sería Mundial si no tuviera, al menos, una sorpresa que nos deje con la boca abierta.

 

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