El gobierno del Presidente José Antonio Kast cumple cien días de terror, donde las medidas fabricadas no dejan duda de lo terrorífico que ha sido el mandato.
Partamos por la casa: 2 ministras, 3 subsecretarios y 22 seremis salieron de sus cargos por diversas razones a poco andar, básicamente por falta de competencia y por asuntos legales pendientes. Uno, incluso, no volvió a la oficina y nadie sabe por qué. Otro porque no estaba disponible para hacer la pega sucia de despedir funcionarios sin argumentos.
El terror en la economía tiene al país sumergido a las puertas de una recesión, con una proyección de crecimiento del 1%, según el Banco Central. Todo ello a partir del bencinazo del 26 de marzo, donde se modificó el MEPCO y los combustibles subieron un 60%.
El desempleo supera el 9% y la fuga de capitales de 2 mil millones de dólares el primer trimestre suma un panorama desolador, coronado con una inflación anual que está en el 4% y que llevó a la uefe sobre los 40 mil pesos.
La política en el Congreso tiene como un «logro» una ley que autoriza a revisar las mochilas de estudiantes, como si fueran delincuentes, y a sus profesores a cumplir esa orden, como si se tratasen de policías.
En seguridad, el hazme reír del gobierno es un puente construido sobre la zanja antimigrantes, con maquinaria pesada, seguramente la misma que se usó para cavarla en la frontera con Bolivia. El Presidente, aparte, dijo que eso de expulsar 300 mil migrantes y poner un reloj descontando los días era una metáfora, cómo tomarse en serio esa promesa de campaña.
Además, tras anunciar el plan de seguridad, que nunca hubo, el ministro Arrau reconoció que el del gobierno anterior era el que utilizarán y, como gran novedad, dijo que ya no informarán todas las semanas las cifras de homicidios, como hacían desde el inicio de la gestión.
Ahora, lo que sigue es bajarle el impuesto a los ricos y profundizar los recortes de presupuestos en la llamada e inventada reconstrucción nacional, donde no se escucha la voz del Consejo Fiscal Autónomo ni del Fondo Monetario Internacional, qué decir de las alertas del Banco Central y de medio centenar de economistas que han advertido la debacle a que se someterá la economía nacional, si se aprueba el proyecto en el Senado.
Sospecho que Kast, como Trump y Milei, está jugando el papel de una marioneta digitada por poderes ocultos, como Peter Thiel, de Palantir, quien ha sostenido que la democracia y la libertad son incompatibles. A través de su cosmovisión y el polémico manifiesto de su empresa, argumenta que las decisiones críticas deben recaer en corporaciones y tecnócratas antes que en los Estados, proponiendo efectivamente un modelo de gobernanza alternativo a la democracia tradicional. Kast ha dicho que podría gobernar por decreto, lo que -efectivamente- está haciendo y se reunió en secreto hace unas semanas en Chile con Mr. Thiel. Por ello no se detendrá hasta hundir a la clase media, y la ultraderecha lo está logrando.


