La narrativa de la «eficiencia» fiscal del gobierno de José Antonio Kast acaba de chocar de frente con la realidad de los pabellones y las salas de espera. El reciente recorte del 2,5% al presupuesto del Ministerio de Salud, formalizado bajo el decreto 333, no es solo un ajuste contable; es un movimiento político que ha levantado ampollas incluso en el corazón del empresariado y el oficialismo.
El factor Luksic: Una crítica desde la «cuna» La sorpresa mayor no vino de la oposición, sino de Maximiliano Luksic, alcalde de Huechuraba y figura clave del mundo empresarial (exdirector de Canal 13). En un tono inusualmente duro para alguien bajo el alero de Chile Vamos, Luksic interpeló directamente a La Moneda: “Cada peso menos es menos y peores atenciones médicas para los chilenos”. Con esta frase, el edil desnudó la fragilidad de la Atención Primaria (APS), advirtiendo que los municipios, como puerta de entrada al sistema, no pueden dejar a los pacientes «a la deriva» ante la falta de recursos.
La matemática de la tijera El ajuste, firmado por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, suma una reducción total de $413.193 millones para la cartera de Salud. El impacto es geográficamente brutal:
- Sótero del Río: El más golpeado a nivel nacional, con una baja de $3.182 millones.
- Región de Valparaíso: Centros emblemáticos como el Gustavo Fricke y el Carlos Van Buren deberán gestionar una merma superior a los $6.500 millones en conjunto.
- Hospital de Chillán: Perderá $2.099 millones, ubicándose como el quinto recinto regional más afectado del país.
¿Gestión o desmantelamiento? Desde la trinchera oficialista, la diputada republicana Chiara Barchiesi salió a blindar la medida con una lógica que ha indignado al gremio médico: asegura que el recorte «puede que afecte a hospitales, pero no afecta a ningún paciente». Según su visión, el problema radica en el «desorden» de horas extra y el ausentismo laboral, por lo que la poda presupuestaria solo obligaría a una «mejor administración».
Sin embargo, el Colegio Médico y el diputado Andrés Celis (RN) sostienen una tesis diametralmente opuesta. Advierten que para agosto o septiembre los hospitales enfrentarán deudas elevadísimas con proveedores y una parálisis en la reducción de listas de espera por falta de insumos. Mientras el gobierno insiste en que se puede «hacer más con menos», la realidad sugiere que la soga de la salud pública se está tensando hasta el punto de quiebre.


