Apenas a un mes de gobierno, aumenta la percepción en la opinión pública que los sectores más ultra republicanos de Valparaíso no están conformes con las decisiones de José Antonio Kast sobre la administración regional. En especial con la Delegación Presidencial y varias designaciones de secretarios regionales ministeriales.
Los principales perjudicados por este encono son el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, quien es también senador por la Región. Quien, además de conducir la interlocución de los militantes republicanos de todo el país con el presidente de la República, debe ayudar a este en todo lo relativo al orden parlamentario del oficialismo como jefe del partido más importante de la coalición de gobierno. El otro dañado es el delegado Presidencial Manuel Millones quien, en una posición menos elástica que el anterior, y solo apoyado en la confianza presidencial y su capacidad técnica, representa por delegación las instrucciones de este en los temas y aspectos que le haya señalado. Lo que no es poco si se considera que como región Valparaíso presenta toda la variedad de oportunidades y problemas que tiene el país. Es como un Chile pequeño.
Las ácidas críticas, incluso mucho más corrosivas que las de la oposición de izquierdas, apoyadas en editoriales y noticias de medios de circulación nacional, que subrayan los errores y desaciertos del gobierno, “buscarían en el corto plazo doblarle la mano al gobierno central y provocar cambios de equipos aún antes de terminar de instalarse” según fuentes cercanas al Partido Republicano. Lo que consideran “pernicioso y hasta incomprensible”.
Por otra parte, algunos expertos señalan que las críticas y su tono agresivo, “evidencian un desconocimiento de los roles y competencias institucionales en un sistema político y de gobierno regional como el que nos rige”. Su arquitectura, dicen, tiene tres componentes que deben armonizarse: un gobernador y consejeros regionales elegidos por votación directa, que representan voluntad e idea de gobierno descentralizado. En segundo lugar, un delegado presidencial, figura que en algún momento se pensó desaparecería pero que se encuentra revalidado, que representa el poder presidencial frente al gobierno regional en diálogo político, y que solo coordina el trabajo administrativo de los Seremis en terreno. En tercer lugar, los Seremis que es otra delegación de facultades administrativas, esta vez de carácter sectorial de cada ministerio. En estricto rigor los Seremis tienen como jefe directo al ministro de estado correspondiente.
Por cierto, y producto de la desconfianza que vive el país, hay también quienes opinan que todo ese murmullo de disconformidad es “pura fronda política a la siga de cargos”, apenas a un mes o poco más de instalado el gobierno. Sin percibir que con ello socavan tempranamente la confianza ciudadana en éste, mientras José Antonio Kast brega por imponer su agenda para lo que requiere de la mayor coherencia y unidad posibles en su coalición.


