InicioEditorialImpericia política e improvisación de lado y lado

Impericia política e improvisación de lado y lado

El apagón dialógico entre José Antonio Kast y Gabriel Boric (el orden no implica nada) tiene su causa fundamental en Trump y el cable chino. Digámoslo francamente, estamos en medio de la guerra comercial y tecnológica de Estados Unidos con China impulsada por Trump. Y son esas dos variables, Trump y el cable (comercial y tecnológico) las que determinan el talante que muestran los dialogantes, y enrarecen la atmósfera que rodea el cambio de gobierno.

Nada habría endurecido más de lo natural la amargura de abandonar el poder sin herederos y la dulzura de recibirlo y vivirlo en estado de gracia los primeros seis meses. ¿Falta de información en temas estratégicos? Dejémoslo de lado. Ningún gobierno -incluso el más porro y de la misma o similar identidad política- se acercaría al poder sin estar de manera propia informado de los proyectos estratégicos del país. Por ello, la ruptura del diálogo solo tiene sentido como mensaje al meeting “Shields of the Americas” citado por Donal Trump en sus recintos privados.

El presidente electo debe asistir a esa reunión incluso si personalmente le resulta incómoda. Su presencia está plenamente justificada, pues lo determinante no es el color ideológico de los invitados sino la identidad del anfitrión y de uno de los principales asistentes: Argentina. Tratándose de hemisferio occidental y de política exterior, la Antártica es un tema de estrecho interés y competencia para Chile y también para Argentina y Estados Unidos. No quisiéramos como país estar ausentes de cualquier escenario donde temas de nuestro interés nacional más directo se pudieren tocar sin que tuviéramos oportunidad de conocerlos.

La posición de José Antonio Kast parece incómoda por su ministro de Relaciones Exteriores que lo acompañará, y que es mano derecha de Andrónico Luksic, el dueño del Banco Chile y con muchos negocios e intereses económicos en China. Y más incómoda aún por la eventual presencia de Fernando Barros, abogado de empresas chinas y quien será su ministro de Defensa. No parece una buena decisión exponerse a un desaire. Más aún cuando ese hecho puede echar a perder derechamente una aparentemente bien ideada estrategia de presentar a nuestro país como un socio transparente con un pie en China y otro en Washington. Ello podría ser un crucigrama de gentileza para la diplomacia de Trump.

En cuanto a Gabriel Boric, la prudencia nunca fue su mejor característica. Es evidente que algo aprendió con su ejercicio de gobierno, pero tanto él como parte importante de su gobierno sufren de personalidad pícnica (Kretschmer). Gran parte del embrollo -el país así quiere creerlo- proviene de su disgregación, desorden y falta de practicidad. No de problemas de ética y probidad.

Pero tanta improvisación de los que se van e impericia política de los que llegan no le favorece al país.

 

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