La estrepitosa caída financiera de Mauricio Pinilla sigue sumando capítulos oscuros tras la resolución del 15° Juzgado Civil de Santiago, que lo declaró en quiebra por deudas superiores a los $1.670 millones. Esta vez, fue Jorge Orellana, examigo y administrador del Bar Constitución, quien reveló los pormenores de una gestión marcada por el derroche y los conflictos familiares.
En una entrevista otorgada a T13, Orellana describió un contraste brutal entre la realidad del negocio y el día a día del exdelantero. Mientras el local luchaba por sobrevivir, el deportista no frenaba su tren de gastos. «Yo veía a Mauricio que él seguía con su vida normal, con sus gastos de alto nivel. Una vida de lujo, con autos de alta gama, y nosotros acá haciendo malabares para poder hacer funcionar el local», sentenció el administrador.
Fiestas de «otro nivel» en plena crisis
Uno de los episodios que mejor ilustra este desequilibrio fue la celebración del cumpleaños del padre de Pinilla. Según el relato, se arrendó la terraza de un exclusivo restaurante con un costo cercano a los $5 millones. «Había comida bien exótica, era otro nivel de gastos», recordó Orellana, añadiendo que el exjugador solía ser «bastante generoso con sus salidas a comer», realizando habitualmente pagos de «seis cifras para arriba».
Sin embargo, tras bambalinas, la situación era crítica. La falta de liquidez obligó a Orellana a cubrir gastos operativos de su propio bolsillo, ya que el padre del futbolista controlaba estrictamente el flujo de caja. «El efectivo, que era lo que yo intentaba tomar como para tener una especie de caja chica, el papá de Mauricio me obligaba a depositarlo», explicó. La crisis llegó a tal punto que «se nos cerró el crédito con todos los grandes proveedores», obligándolos a abastecerse en almacenes de barrio.
El insulto que selló el quiebre
La relación terminó de romperse tras una acalorada discusión por el uso del dinero en efectivo. Orellana decidió retener parte de la recaudación para pagar sueldos pendientes, lo que desató la furia de Pinilla. El administrador asegura que recibió insultos y una frase que hoy resuena con fuerza: «me dijo: ‘mira cabro, le gané una demanda a la U, así que tú eres un ‘poto pelao’ (sic) no tienes nada que hacer contra mí».
Aunque el exadministrador acudió a la justicia y ganó la demanda por leyes sociales impagas, la victoria fue amarga. Al intentar ejecutar los embargos, se encontró con que la empresa ya no tenía bienes. «Ya no quise seguir gastando plata porque ya era inviable cobrarle algo», concluyó, cerrando así un capítulo de deudas y promesas rotas.


