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    No, señor Trump

    No, señor Trump. La paz mundial no permite lo que usted ha hecho y que pretende continuar con ello. La invasión armada y bombardeando a una nación soberana, sin conocimiento y aprobación de su propia legalidad, se califica de invasión. Sacar a sangre y fuego a un presidente de la República, junto a su esposa, y llevárselos a su país, se califica de secuestro. Apoderarse de las riquezas naturales de las naciones legalmente reconocidas, utilizando la prepotencia primitiva del más fuerte, se considera robo. Matar a mansalva a todo aquel que se le enfrenta en sus abyectas acciones, es simplemente asesinato o crimen de lesa humanidad. Actuar de esa forma, con largas amenazas, usando una fuerza militar descomunal y con argumentos cargados de falsedades y tergiversaciones, significa no sólo manipulada premeditación sino vulnerar la vigente legalidad internacional. Ah, además, saltarse la propia legalidad de su país, también es un delito.

    Con usted, señor Trump, el equilibrio que permitía una paz universal y un desarrollo creciente de la Humanidad, se ha roto. Ahora nadie sabe cuál será el futuro que nos espera, debido fundamentalmente a su incansable apetito dominador, imperial, abusivo.

    Todos le reconocen su potencial militar, el mayor del mundo. Y todos sienten respeto por los logros alcanzados por su país, gracias al empuje e inteligencia creativa de su gente. Pero, también todos conocen que, en la historia de tal crecimiento y desarrollo, aparecen algunos dirigentes políticos con apetitos dominadores descomunales, que han utilizado en otros países la dominación violenta y el abuso de aquel poder militar.

    Dominar al mundo no significa someterlo, ponerle la bota sobre la cabeza y extraerle sus riquezas naturales, destruyendo su forma de vivir y obligándoles a cambiar su forma y anhelos de convivencia social en paz. Eso lo hacían hace muchos años, en la Edad de las Cavernas, los que imponían su fuerza destructiva a quienes avanzaban en el desarrollo de la inteligencia humana constructiva.

    No se puede invadir, secuestrar, robar, asesinar y burlarse de todo y de todos, impunemente. No se puede recurrir a la fuerza destructora, ni utilizar a débiles traidores mediante la utilización de su moneda poderosa. Eso se llama soborno en la jurisprudencia general, común.

    La rueda de la justicia sigue girando en este mundo hoy convulso, pero todavía fuerte y culto. Se acumulan las pruebas de lo que digo. Basta con recurrir a la modernidad de la tecnología y ver en tiempo real y en directo, lo ocurrido en Venezuela. Basta con recordar sus propias palabras para configurar delitos de amenazas de todo tipo y con variado lenguaje soez. Basta con observar cómo usted va tergiversando la convivencia mediante la utilización de la diplomacia de los misiles. Basta con ir conociendo las reacciones que su actuar despierta en muchos ciudadanos de su propio país. ¿Acaso también pretende ocultar algo que le afecta interiormente en Estados Unidos?

    El estadounidense Jeffery Sachs, sabio catedrático universitario y uno de los principales asesores de la ONU, acaba de recordar en la Comisión de Seguridad de ese organismo internacional el artículo 2, sección 4, de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. Y agregó: “El Consejo de Seguridad debe decidir si esa prohibición se mantendrá o se abandonará. Advierto que abandonarla tendrá consecuencias de gran magnitud”. Finalmente, como conclusión, Sachs señaló: “La paz y la supervivencia de la Humanidad dependerá de si la Carta de las Naciones Unidas sigue siendo un instrumento vivo del derecho internacional o si se permite marchitarse hasta la irrelevancia”.

    Soy un veterano periodista de origen chileno, que lleva muchas décadas viviendo un exilio doloroso como consecuencia de la intervención de Estados Unidos en mi país pero que, diciendo con clara sinceridad lo que piensa, trata de mantenerse en un equilibrio de racionalidad y de sentido común sobre lo que se debe hacer para recuperar el camino de la paz. Por esa razón, creo que ha llegado el momento en que los representantes de los mismos que le dieron poder al señor Trump, apegándose a la más estricta legalidad de su país, le quite esos poderes a la brevedad posible.

    El resto del mundo, que está reaccionando a este retroceso del desarrollo humano, se los agradecerá y les respetará más aún, porque será un gesto necesario e inteligente para recuperar la racionalidad que garantice su propio crecimiento y la verdadera paz.

    Vivimos en un mundo convulso que se enfrenta a otra situación de obligado cumplimiento, que es la defensa a ultranza -y entre todos- del medio ambiente, de nuestro entorno, porque en ello nos va la vida de la especie humana.

     

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